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A LOS HUMANOS NOS GUSTAN LOS RETOS CADA VÉZ MÁS DIFÍCILES
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Fuente: BOXER MOTORS

A LOS HUMANOS NOS GUSTAN LOS RETOS CADA VEZ MÁS DIFÍCILES

Mi disciplina es salirme de mi zona de confort, es buscar la adrenalina. Por eso me gusta el Ironman, que abarca tres pruebas. Además me gustan el alpinismo, el paracaidismo, el bonji jump y el espeleobuceo. Tengo todavía unos retos que no he tocado: quiero cruzar el Canal de la Mancha, quiero correr en el Desierto del Sahara, quiero acometer los maratones más difíciles del mundo, el de la Antártida, el de la Muralla China. Así habla Luis Álvarez, quien llevó la bandera mexicana al Everest, impone records, es Iroman, salta en paracaídas, viaja en motocicleta, dirige empresas, imparte conferencias, es filántropo y hombre de familia. ¿Cómo hace todo eso? En esta entrevista, el triatleta revela algunas de sus tácticas, No las quiere guardar en secreto, sino compartirlas y así motivar a toda la gente posible para que encuentre su propio camino en el deporte, en todo lo que se proponga.

¿Por qué eligió un deporte tan exigente?

Mi pasión es divertirme, salir de mi zona de confort, disfrutar la adrenalina. Ahora, ¿por qué el Iroman? Es muy fácil: yo soy un buen nadador promedio, un buen ciclista promedio y un muy mal corredor. Cuando reúnes esas capacidades, te conviertes en un muy buen triatleta. Entonces no soy nadador, no soy ciclista, no soy corredor, soy triatleta.

El promedio de estas pruebas me hizo ser bueno para una disciplina que se compone de las tres. No son tres deportes, es un deporte, el triatlón. Quien es bueno en las tres partes se convierte en un buen triatleta. Si a mí me pones a nadar en un campeonato de máster o en un campeonato mundial, no llego en los primeros lugares, pero, en el Iroman sí. Y complicando más la fórmula, si a mí me pones a competir en un triatlón de cortas distancias, soy malo, o soy mediocre. Pero en cambio, en un triatlón de larga distancia, me convierto en bueno.

Todavía no llego a los ultra Iroman, que abarcan el doble o el triple del recorrido, pero algún día los quiero hacer. No sé si soy mejor o soy peor, porque no lo he hecho, pero me gustó el Iroman, porque es la disciplina en la que me volví bueno, siendo más o menos bueno en todas las demás.

Debe ser el caso en general de todos los triatletas: alguien que sea muy buen nadador o corredor equilibrará sus capacidades con aquellas pruebas en que no destaque tanto. ¡Exactamente! El primer lugar que sale del agua nunca ha ganado el Iroman
de Kona. Sin embargo, todos los participantes tienen que ser buenos nadadores, porque si no los profesionales ya se les fueron.
Las otras habilidades se pueden aprender, pero la natación prácticamente no se puede aprender de grande. El triatlón lo ganan quienes son o muy buenos ciclistas o muy buenos corredores, pero que asimismo son muy parejos en las tres pruebas. Quien es sólo muy bueno en una de ellas no hace el Iroman. Por ejemplo, y lo quiero platicar con todo respeto, Germán Silva. Es uno de nuestros mejores maratonistas. Ganó el Maratón de Nueva York, impuso record en México, es olímpico… ¿Quién podría compararse con Germán Silva, cuando él corre el Maratón en dos ocho y yo lo cubro en cuatro horas? Pero en Iroman le gané. ¡Le saqué como diez minutos! Claro, él no domina la natación, es más o menos bueno para la bici y ahí se equilibraron las cosas, y le gané por poquito. Fue una de las medallas. A Ricardo González, un extraordinario triatleta olímpico, le gané en el Iroman de Arizona. Entonces son las circunstancias, son las disciplinas.

Un hombre hiperactivo

La naturaleza impone retos para esta especialidad.

Una de las características de un deportista y de un Iroman, es que nos consideramos triple A, esto es hiperactivos. Y a los hiperactivos está difícil que nos metas en un cuarto a jugar nintendo. Por el contrario, entre más complicada nos la pongas, más divertidos estamos. En general los triatletas y los Iroman no sólo están en este deporte, también practican alpinismo. No es raro ver al mismo deportista que hace Iroman en el verano, trepado en la montaña. Y de repente se mete a ultra distancia para correr en un desierto. Somos gente de mucha actividad, que nos gusta conocer, somos gente inquieta. Yo creo que no me iría al otro lado del mundo a correr “sólo” un maratón, sin perderle el respeto al maratón, pero si me dicen del nuevo Iroman en China, en Uganda o en Nueva Zelanda, ahí estoy. Hay lugares a los que, en definitiva, sólo hubiese ido exclusivamente para competir en Iroman.

¿La rivalidad, los retos, separan a la gente?

Voy a ir un poquito más allá: hablaré primero del alpinismo. Hay una frase que se dice y no comulgo con ella: “Fui a conquistar una montaña”. Ahí ya estás hablado de una rivalidad con la montaña, y yo creo que ése no es el caso, yo creo que te conquistas a ti mismo escalando una montaña, llegando a una cima. Cuando vas a una montaña rezas, le pides permiso, hacemos la Puya en el Himalaya, le pides permiso a Chomolungma, le pides permiso de subir el Everest, no lo conquistas, te conquistas a ti mismo haciendo esa clase de cosas.

Y ahora sí lo extrapolo a las carreras. Normalmente no vas a competir con los otros. Los de élite, los primeros lugares van a competir contra la medalla de oro, de plata o de broce. Y a partir del cuarto lugar todos somos perdedores, o a partir del segundo lugar. Ahí vas por tus propios tiempos, tratas de superar lo que has logrado, te pones un reto y más en un Ironman que abarca hasta 17 horas. Siempre vas a querer ganarle a algo o a alguien, porque somos seres humanos y nos gusta la rivalidad, contra nosotros o contra todos. Pero esto al final nos une. Definitivamente, si alguien te puede ayudar, dar un consejo, en general lo hace, y más en el triatlón o en las carreras de aventuras. Entre mayores sean las distancias, las dificultades, los peligros, más nos unimos.

Yo me he quedado sin herramienta, con una llanta ponchada en medio de un Iroman. Se te poncha una vez, se te poncha dos veces, traes una sola cámara. ¿Qué haces? Me han pasado herramienta, me han dado tubulares. En Suiza se me rompió la cadena en el Heartbraker, y un cuate le quitó la cadena a su bici y se la puso a la mía para que yo pudiese terminar el Iroman. Fue un espectador, no fue ni siquiera uno de los competidores. Son historias muy bonitas de cómo nos podemos unir, y eso en la montaña es mucho.

El espíritu deportivo, ¿sigue vigente entonces?

Híjole, el espíritu deportivo tiene mucho que ver con lo limpio del juego. Para eso son las reglas. El espíritu deportivo es seguir las reglas, es ser perfectamente competitivo, tratar de ganarle a algo. Eso no tiene nada de malo. Esa clase de espíritu deportivo prevalece mucho en las pruebas donde hay medallas o premios. El espíritu deportivo en otras disciplinas, como el alpinismo, consiste en ayudar. Es respetar, es mantener limpia la montaña. Eso es para mí el espíritu deportivo.

El espíritu deportivo depende de cada disciplina. Es algo de lo más problemático que tenemos. Me da pena llegar al refugio en el Iztaccíhuatl, y encontrarme una cantidad de basura. La basura no se baja sola; si tiras un papel, recógelo, el tuyo y el que otra persona tiró. La gente cree que hay alguien que va a bajar esos papeles. Pero en la montaña no hay pepenadores, no hay gobierno, no hay servicios que vayan a limpiar esos lugares a cinco mil metros sobre el nivel del mar. Es una cuestión de cultura, de cultura deportiva y cultura nacional. La motocicleta regala horas valiosas ¿Cuál es el papel del motociclismo en el quehacer de Luis Álvarez? Bueno, la primera pregunta que alguien me plantea cuando ve toda la cantidad de cosas que he hecho, es “¿Y cómo le haces?

” ¿Cómo le haces?

La fórmula no la tengo, el día que la encuentre me vuelvo millonario. Sí soy una persona ocupada. Trato de delegar lo que se pueda y le pongo atención a las cosas que me importan. Pero si me dices: “A ver, dime un secreto por el cual haces más cosas con menos”, es la motocicleta. Yo practico motocicleta desde que existían las micromotos, que tenían motor de podadora y cuyo acelerador era como el freno de ahora: micromoto, Bambi Matic, Poni Matic, Carabela 100, la Coyote 125. Tendría unos ocho años. Después tuve una Suzuki 1,100. Todo el tiempo había tenido moto. La dejé cuando nació mi hijo. Dije, “la moto hasta aquí”.
Casi toda mi vida había transcurrido en Monterrey. Cuando me vine a vivir a la Ciudad de México, el tráfico era de una, dos o tres horas al día. Tres horas en las que no podía hacer nada. Era lo más frustrante para mí, y regresé a la motocicleta. La motocicleta me ha permitido hacer mucho más. ¿Quién te regala una o dos horas al día? ¿Cuánto pagarías para que tu día en vez de 24 fuera de 26 horas? Bueno, la motocicleta te permite entre otras muchas cosas, eso. Es peligrosa, por supuesto, nadie lo va a negar, pero ser motociclista, te da tiempo y diversión. Cuando vas en el coche, atorado en el tráfico, sin poderte mover durante veinte minutos, te acabas el hígado, el riñón, reniegas, llegas de mal humor…

Gozo cuando voy de viaje, pero todavía no llego a salir con los cuates, disfrazarme de harlero, ó de BMW y dar un gran paseo con los amigos. Ya le agarré el sabor, pero todavía no lo hago.

Y en la moto prácticamente nunca te quedas parado. Lo más que puede pasar es que te vayas moviendo suavecito entre los coches. Vas esquivando. Es como si llegaras a tu casa a jugar nintendo. Te diviertes en la motocicleta, brincas un vado, te medio subes a una acera... La moto te quita la tensión y llegas relajado a donde sea.

Para la gente que no lo conoce, es más cómodo ir en una motocicleta que en un coche, en posición de manejo durante seis horas. La posición depende de la moto. En la Harley-Davidson vas casi totalmente acostado, con los pies arriba de los manubrios. Entonces soy un apasionado de la motocicleta porque te permite muchas cosas. Les digo a mi hijo y a mi novia “vamos en el coche”, me contestan que no, “vámonos en moto”. A veces no vas a Acapulco, no vas a Cuernavaca, porque te imaginas el regreso del domingo por la noche, y dices
“¿cuatro horas?”. Tardas más tiempo de la caseta a tu casa que de Acapulco a la caseta. Dices no, ¿cuáles vacaciones? Entonces, te vas en moto y llegas mucho más rápido.. Todavía no he llegado al momento en que pueda irme de paseos. Los fines de semana es cuando más puedo entrenar bicicleta. Mi bicicleta tiene más kilómetros que mi moto, porque los sábados son los días que entreno de dos a ocho horas. Tengo más idas a Cuernavaca en bicicleta que en moto. Ya llegó un momento en la vida que quiero gozar un poco más la moto, en plan turismo, emprender viajes, que me llaman mucho la atención, y no los he practicado. Gozo mucho cuando voy de viaje, pero todavía no llego a salir con los amigos. El hecho de disfrazarme de harlero, o de BMW y dar un gran paseo con los amigos, debe de ser una experiencia muy enriquecedora, pero todavía no lo hago.

El compromiso social Este quehacer, ¿les interesa a los jóvenes?

Por supuesto, y es una de las actividades que promuevo; doy pláticas motivacionales, y siempre que termino, la pregunta es “y cómo empiezo”. Les contesto: “Preguntando”. Ésa es la forma en que comencé yo. Claro, no soy entrenador, no puedo promover eso, pero trato de establecer vínculos entre las personas interesadas y los entrenadores. Quiero crear una página donde la gente pueda empezar desde cero sin tener que estar pagando un entrenador. Llevo 18 años organizando una salida el 24 de diciembre: a las ocho de la mañana nos reunimos en el abrevadero, subimos al Nevado de Toluca hasta la cumbre, hasta la Cruz del Marqués. Van desde niños de seis hasta señores de 65, es para principiantes. Creo que gracias a esta experiencia muchas personas se han interesado en el alpinismo.

¿Cómo cambian las personas que no habían practicado el deporte en cuanto comienzan? Yo creo que se revitalizan. Siempre que alguien va a empezar a practicar un deporte serio, como un triatlón, una carrera de diez kilómetros, mi recomendación número uno es cómprese un pulsómetro, los hay desde mil 500 pesos en las tiendas departamentales. Un pulsómetro es el equivalente a tener en tu moto o en tu coche, tacómetro, velocímetro o medidor de gasolina. Es la única forma de saber cómo estamos, para saber cuál es nuestro rango aeróbico. La fórmula es 180, menos tu edad. Si nunca has practicado ejercicio, le quitas cinco, si llevas más de un año practicando ejercicio, le puedes sumar cinco. Un ejemplo: para una persona que tiene 40 años, 180 menos 40 es igual a 140. Si nunca ha practicado ejercicio, 135, o cinco más si ya practica bastante ejercicio, 145. Ése es su rango aeróbico. ¿Podría dar más ? Sí, como los coches que traen hasta 14 mil rpm, pero así lo vas a quemar, lo vas a desgastar. Si vas a 140, 145 vas a mantenerte sano, no sólo entrenado. El deporte puede darte entrenamiento, pero quitarte salud.

¿Qué comentan quienes se aficionan a practicar el deporte? En el buen sentido se vuelven adictos. Te puedo platicar un caso: estaba por comenzar el Iroman de Lake Placid, hace como 15 años. Y llega una señora, me abraza, justo antes de salir de la carrera, en wetsuit y me dice: “Luis, yo estoy aquí por ti. Hace algunos años vi una entrevista donde supe que pesabas 94 kilos, que fumabas. Yo tuve que bajar cerca de 40 kilos para estar aquí. Te agradezco, hoy mi vida cambió gracias a que estoy practicando ejercicio.” Bueno, ése es un ejemplo, pero la gente siempre les agradece a las personas que de alguna forma le inspiraron a cambiar su vida. Un par de amigos que vieron programas del Iroman, en centros de rehabilitación, hoy lo practican, y están mucho más contentos con esta nueva “adicción”, que con las viejas y muy dañinas substancias que consumían. Te puedo decir que muchos triatletas, si no lo fuéramos, podríamos tener algún otro vicio. Entonces es una muy buena forma de controlar a esos hijos hiperactivos, que tienen la posibilidad de buscar cosas intensas sanas. Yo a mi hijo le di la vacuna del deporte desde los seis años, cuando subió conmigo el Ajusco. A los siete hizo su primer triatlón, a los doce corrió su primer maratón de 43 kilómetros, a los trece el Iztacíhuatl, a los 18 hizo un Iroman. Y no me preocupo porque tiene una muy buena vacuna. Claro, las vacunas también pueden fallar, pero es un joven sano, que le gusta el deporte, que ya lo vivió, valoró y que puede hacer lo que quiera en su vida.

Tal vez tenemos que contar más historias positivas Ésa es una de las cosas que tiene México, tiene unas historias fantásticas. A partir que yo bajé del Everest, después de poner la bandera de México en la cumbre, a ocho mil trescientos metros me quedé ciego. Fue algo terrible, estuve muy cerca de la muerte. Pero me cayó el veinte y me dije: “¿Por qué no incluir a personas con discapacidad visual?” A partir de ahí me he relacionado con diferentes asociaciones vinculadas a las personas con discapacidad visual; estoy haciendo retos con un amigo, Marcos Velázquez, quien tiene discapacidad visual, y hemos rodado doscientos kilómetros juntos. Él me escogió a mí, nos encontramos, supo lo que pasó. Ya nadamos, ya corrimos, queremos hacer un triatlón empezando el año, queremos hacer Iroman y no sólo eso: queremos cruzar el desierto del Sahara corriendo, y a ver qué otras tarugadas se nos ocurren. Pero ésas son las historias bonitas que necesita México, no nada más las de políticos y las broncas y los robos, hay muchas historias muy bonitas que nosotros podemos hacer. Somos héroes desconocidos. ¿Cómo nace en Luis Álvarez la inquietud filantrópica? Siempre que haces cualquier cosa por alguien más que tú mismo, te sale bien. Desde los 18 años, desde que estuve fuera de mi casa, me volví religioso, católico. Soy devoto de San Judas Tadeo, ya te podrás imaginar por qué. San Judas Tadeo es el santo de las causas difíciles y desesperadas. A él le rezaban los Intocables cuando luchaban contra Al Capone.

Ah, pues imagínate! Aquí lo traigo, a San Judas Tadeo. Lo dice la Biblia: si te portas bien, lo demás vendrá por añadidura. Haz las cosas por bien, trata de ayudar, no busques el dinero, trata de hacer lo que te apasiona, y el dinero viene porque hiciste las cosas bien, con pasión. Cuando encuentras tu pasión, ya no es chamba. Chamba se define como algo por lo que tienen que pagarte para que lo hagas. Yo siempre me he divertido en el trabajo. Me paguen o no, me gusta eso que estoy haciendo.

Entonces, eso es ser filantrópico es ayudar positivamente a quien puedas. “Es que no me va a dar un beneficio”, ¡No importa! El beneficio es dar, ése ya es el beneficio. Yo estoy muy agradecido con todas las bendiciones, con Dios y con toda la sociedad, con todo lo que me ha tocado. Entonces tengo que repartir parte de esto que he tenido la suerte de recibir. ¿Qué satisfacciones se hallan en los resultados? Muchas veces no sabemos el final que tendrá lo que estamos haciendo. Debemos actuar no por ver el resultado, sino porque es lo correcto. Sí tal vez quieres ver la retribución. Pero viene sola. Una vez íbamos en un arrancón Marcos Velázquez y yo con doscientos ciclistas, y él quería llegar en los primeros lugares. Me preguntaba: “¿Cómo vamos?”, yo le contestaba: “¡Písale, ya vamos rebasando a uno, ya vamos rebasado a otro!” Él no veía, pero yo le describía lo que iba pasando. Él estaba encantado de ir siendo competitivo. Inclusive tuvo un problema en la columna con un nervio: se bajaba de la bicicleta y no se podía parar, tenía que sentarse, y de todas maneras cubrimos 260 kilómetros en la bici. Lo veías qué contento iba en la bicicleta. Sí, claro que hay una retribución bien bonita, pero no hay que hacerlo sólo por eso. Hay que hacer el bien por hacer el bien. Haces el bien no porque vaya a servir o no. Imagínate, cualquier cosa que te fracase. Que una persona, aunque la hayas ayudado, sea infeliz de todas maneras. Eso no te hará infeliz, haces las cosas por hacerlas bien, y ya. Si da buen resultado, qué bien, te da satisfacción, pero si no, de todas formas eres feliz, estás realizado haciendo las cosas bien. No hay secretos ¿Cómo se logra equilibrar tatas actividades, ser deportista, ser hombre de familia, filántropo, profesionista? Nunca se va a alcanzar un balance, siempre vamos a estar inclinados hacia alguna de las aristas. Llevo 35 años en la industria automotriz. Creo que fue la mayor parte de mi dedicación. Me hubiera gustado dedicarle más tiempo a mi hijo. Y va a parecer extraño, pero más tiempo a mis seres queridos dedicándomelo a mí. “Oye, vámonos de vacaciones”. “No porque tengo un Iroman, no porque tengo que trabajar, no…” Híjole, pero todavía estoy joven, trabajé duro, yo creo que es tiempo de que empiece a cosechar.

Estar más tiempos en los viajes, con mi novia, con mi hijo, con mi familia, con mi papá, ya que tengo la suerte de que él todavía vive. Así que aún puedo hacerlo. Pero sí, normalmente nos vamos hacia el trabajo, y no hay que perder las cosas importantes. Si tienes trabajo, tienes dinero y no tienes familia, no te va a servir de nada. Y vaya que en México tenemos una sociedad donde la familia todavía es un núcleo. ¡En los Estados Unidos, a los trece años se va el chavo, la chava y ya no los vuelves a ver! Aquí por lo menos existe la ventaja de que los tenemos en la familia hasta que se casan, aunque tenga treinta años. Mientras no se ha casado, ahí está el niño o la niña. Todavía hay un poco más de valores familiares, que son muy importantes. Si tú no te pones el objetivo de tener el balance no lo vas a lograr. Y a veces tienes familia y trabajo, pero no les dedicas tiempo al deporte ni a la salud. Y si no tienes salud, tampoco tienes equilibrio. Practicar deporte y estar sano siempre es una inversión, no sólo para nosotros, sino para nuestros hijos. “Yo quiero mucho a mi hijo”. Pues si lo quieres, mantente sano para jugar con tu hijo, para estar con tu hijo muchos años. Invierte en ti; ésa es una de las cosas que les digo. Está el lado profesional. ¿Cómo se compagina con una actividad deportiva que es muy, muy demandante? Siempre mi prioridad ha sido el trabajo. Estoy en la oficina a tiempo, estoy en la oficina mucho tiempo. La prioridad siempre ha sido el trabajo. Pero yo creo que el deporte -este triatlón, este Iroman- te obliga a planear a largo plazo. Hay algunos Iroman cuya inscripción dura un minuto abierta y te tienes que inscribir por lo menos un año antes. Ya con eso tienes que empezar a planear un año antes. Porque si te dicen “el próximo mes voy a participar en un Iroman”, ya está todo cerrado, maestro. Ya que te inscribes tienes que ver si va a hacer calor, si va a hacer frío, si va a ser de subida; decidir cuál bicicleta, cuál tipo de entrenamiento. A mí la planeación del trabajo me la dio el deporte. Cuando comencé con el Iroman, todavía era chavo. Conocer el Iroman me ayudó a hacer bussines plan para el resto de mi vida y en el trabajo. Ser una persona organizada, una persona a quien el ejercicio le exige disciplina: todo eso me lo ha trasmitido el deporte para el trabajo. Y como soy en el deporte, soy en el trabajo, así que el deporte me ayudó en el trabajo. El deporte le quita el estrés al trabajo, pero en mi caso, como el deporte ya es muy demandante y lo tomo muy en serio, el trabajo también le quita el estrés al deporte. Son complementarios.

¿En México se practica más el deporte ahora que cuando Luis Álvarez comenzó en el Iroman? La cultura de la salud es mucho mayor. En las empresas, en el gobierno, con los ciclotones. Se practica más deporte, hoy por hoy. Y a pesar de eso somos campeones mundiales en obesidad infantil, en diabetes. Más nos vale que el gobierno siga invirtiendo en el deporte, de lo contrario, va a tener que invertir en más seguros sociales, que no tiene lana para eso. Y las empresas quieren gente sana. Quiere gente que tenga objetivos. Antes yo mantenía lo del Iroman en secreto. Era como el Santo y el Blue Demon. Porque imagínate: si saben que hago Iroman, van a creer que no trabajo. Era mucha la gente que hasta hace relativamente poco, pensaba “este cuate no trabaja”. ¡Era un pecado! Ahora las grandes empresas preguntan: “Oye, ¿has participado en algún deporte competitivo? ¿No? Entonces no te contrato, maestro porque no sabes lo que es ser competitivo tampoco en el trabajo.” Ha cambiado la visión de lo que es el deportista. Ahora dicen: “¡Oye! Es una persona disciplinada que corre diez kilómetros antes de entrar al trabajo a las siete de la mañana”. Nos levantamos a las cuatro de la mañana, pero llegamos a la oficina ya con energía nueva. Sí, la cultura del deporte ha cambiado y las empresas promueven mucho más esto.

¿El personal también se integra en esa cultura? Lo que pasa es que las personas son más sanas, más activas, más proactivas si practican deporte que si son sedentarias. Yo creo que no hay que explicarlo mucho. Entre una persona que practica Iroman y una persona que no hace absolutamente nada, que fuma y que toma, que es sedentaria, el nivel de actividad es distinto. Son menos dinámicas. ¡Ésa es la palabra!: no son tan dinámicas. Pueden serlo, no es ninguna regla. Pero en general las personas que practican deporte son muy activas, es lo que yo digo. Entre las otras puede haber de todo, pero las personas que somos deportistas, somos muy activas y muy dinámicas. En el triatlón en las montañas, a donde va gente de todas las nacionalidades, de todas las culturas, ¿se forma una especie de comunidad? Sí, se forma una familia. Nos da gusto ver mexicanos, pero no tenemos nacionalidades. Te puedo decir, en el Iztaccíhuatl, en un refugio, un 31 de diciembre, nos tocó una tormenta espantosa. Estábamos rusos, japoneses, un checo, y nos compartimos la comida, nos platicamos. El deporte del alpinismo te une mucho. No hay una vez que pases y no saludes a la gente que está ahí contigo. Es una comunidad. En el Everest nos invitaban los chinos a brindar, intercambiábamos bebidas y comida. Sí es una comunidad.

Tiempos complejos ¿Participa ahora más la mujer? Por supuesto. Sólo en el primer Iroman, en 1978, no hubo mujeres. A partir de ahí ha habido por lo menos una mujer, y ahora ya hay por lo menos el treinta por ciento de mujeres en un Iroman. En el maratón de Monterrey, el 29 por ciento de los participantes son mujeres. Ha venido creciendo su presencia. No tengo la fecha, pero Boston no permitía la participación de mujeres. A la primera mujer que participó la corrieron a golpes. Hasta que compitió una mujer en un maratón. Pero antes era un maratón exclusivo para varones. Ahora cada vez hay más mujeres, y es más divertido. Qué bueno que haya más mujeres, y por supuesto tienen la misma capacidad que nosotros, tienen mayor resistencia las mujeres que los hombres en algunos deportes.

Las nuevas generaciones, ¿cómo andan en la actividad física? Híjole, preocupantes. Ayer tuve una junta en la oficina. Nos fuimos a tomar un café a un restaurante. Me paré y vi el área de juegos. Te acordarás de esa cadena que tenía una resbaladilla y otros juegos para los niños. Ahora había tres juegos de video. Con tres chavos que estaban embobados, ni siquiera platicaban entre ellos. ¡Me provocó un shock! ¡La nueva generación! ¡Y los papás somos los primeros culpables!: ¿Llora el niño? ¡Ahí está el iPad! ¡Ahí está el iPhone! Y los tienes entretenidos. Fuimos la última generación que jugó en la calle, que usamos el triciclo, la bicicleta. Tú mamá te decía: “¡Nada más llegas antes de las cuatro de la tarde!” Ya eso no existe. Por seguridad y por lo que tú quieras. Había parques, había todo eso. Ahora te los cambian por un videojuego. ¡Por un cuarto con un videojuego! ¿Qué les vas a educar a esos niños? Esos niños ya no saben jugar. Les das una pelota y no saben ni para qué sirve. No hay jardines, toda esa estructura.

Sí, sí es preocupante. Por eso hay que promover todavía más la cultura de la carrera, del ciclismo, del deporte como un juego. Porque si no ya no vamos a jugar. Por lo menos vamos a practicar un deporte que pueda substituir al juego, llevarlos a una alberca.

Para mí la natación es el mejor seguro de vida. Porque el otro seguro de vida es que cuando te mueras te paguen. Eso no es un seguro de vida. Es un seguro de muerte. El seguro de vida es que sepas nadar por si alguna vez lo requieres en una alberca o en el mar. A los chavos hay que meterlos a algún deporte para que jueguen con eso. Si no, van a tener dedos muy fuertes. Y mentes fuertes, claro, tiene que ser hábiles, pero pierden muchas otras habilidades. Sí, sí es preocupante cómo los estamos encerrando y quitándoles la actividad física. Hay centros educativos sin áreas deportivas. ¡Antes era obligatorio! Había clases de deportes en tu escuela, que a todo el mudo nos chocaban. Pero teníamos clases de deportes. Muchas empresas tenían sus campos deportivos. Ahora por lo menos algunas ya están conscientes, construyen algún gimnasio. Antes no necesitabas salir a hacer deporte, salías a jugar, a patear. Nos la pasábamos en bicicleta todo el día.

¿Podemos hablar del quehacer motivacional? Lo primero que pongo es un currículum que dices: “¡Órale, este cuate está…!” Si no admiras a alguien, no le pones atención. Ya después les digo que ese cuate era el gordito de 94 kilos que fumó durante once años. Me auto satirizo: cuando se proyecta la foto de la credencial pongo la música del Festival de Porky, que decía: “¡Eso es to, eso es to, eso es todo, amigos!” Ése era el Luis Álvarez. Les explico que no deben no tenerle miedo al fracaso. La única persona que no fracasa es la que no hace nada. No fracasa porque no tiene retos, no propone, no comete errores. Les hablo del cuate que a los 24 años pesaba 94 kilos, fumaba y no pudo caminar dos punto cinco kilómetros; les cuento que hoy es un record mundial, y no de clavar cuchillos en el pasto, sino de Iroman, una de las competencias más demandantes y más admiradas del mundo. Que ha subido al Everest. Cualquier persona, como esté, puede cambiar su vida. Les digo que a mí los fracasos son los que me ha llevado al éxito: el no haber podido caminar, haber quebrado una empresa. Hoy ésa es la empresa líder mundial. Relato cuando me operaron de la espalda y no pude terminar un Iroman. Cómo hice dos Iroman dos días seguidos en dos continentes distintos. Hay que aprender de los fracasos. Otra de las frases dice “la vida no es justa”. Vemos un video: un cuate llega en sexto lugar en el Iroman. Luego lo atropellan y lo dejan paralítico. No es justo. Pues no, no es justo. Pero, ¿qué hace él? ¿Se pone a llorar? No, entra a competir en un Iroman con silla de ruedas. Y le da gripa. No es justo. ¿Qué hace? Le entra el otro año y lo termina. Aprende de esas cosas. La vida no es justa ¿Y? Tienes que trabajarle duro a la vida. Son oportunidades que nos da para aprender. Hay una lesión en la espalda con un diagnóstico médico que no es alentador. Sucedió en Alemania. Para cargar un portafolio, me doblé, lo levanté, y a la hora de dar la vuelta me rompí una vértebra, tuve una hernia. Le dije al médico: “Oiga, tengo un Iroman el próximo mes”. Me contestó: “No va a hacer un Ironman como en dos años. Cambie de deporte”. Le hice caso, cambié de doctor. Y a los 60 días subí el Mont Blanc; a los 63 días hice el Ironman de Japón, lesionado. ¿Cómo toma una lesión así la familia? Bueno, ya la familia ni me lo dice. Sabe que soy precavido. Estoy loco pero no tonto. Trato de manejar la motocicleta con las precauciones que se requieren, como el casco, los protectores. En el paracaidismo traigo el altímetro, los dispositivos. Número uno: dentro de las salvajadas que hago, procuro buscar todos los elementos de seguridad posibles.

Y número dos: yo siempre digo que voy a tratar de hacer las cosas, mi necedad no es cumplirlas. Una idea muy importante es: para mí el fracaso no es terminar una carrera o terminar un proyecto, para mí el fracaso es no empezarlo. ¿Tengo una lesión? Voy a empezar el Iroman. ¿La lesión no me permite seguir? No pasa nada, me salgo. Saben que si voy a subir una montaña y me faltan 200 metros, pero voy a arriesgar la vida para llegar, mejor me regreso. Saben que soy muy consciente en ese sentido. En cualquier ámbito. En esta época hay muchos elementos tecnológicos, pero eso no garantiza que todo vaya a salir bien. No. El montañista que se murió en el Himalaya, Delgado, llevaba todos los elementos. Pero la naturaleza es demasiado grande. Somos demasiado pequeños. Viene una avalancha y no da tiempo de activar nada. No, no hay ninguna garantía con todo lo que podamos llevar, sobre todo en la montaña. ¿Cuáles son los triatlones más difíciles? Depende para qué. Por ejemplo, uno de los más difíciles, era el de Gérardmer, Francia. Ya lo quitaron, pero subías casi doce mil pies. El de más aire es el de Lanzarote, sesenta kilómetros por hora; el más caluroso fue el de Malasia, cerca de 45 grados; el más frío, el de Tajo, cuatro bajo cero. Ésos son los más extremos del mundo marca Iroman. Hay otro, el Norseman: te bajas en un fiordo desde un barco, el agua es helada, la bicicleta es muy dura y la carrera es casi pura subida; tienes que subir una montaña. Creo que a los seres humanos nos gustan los retos cada vez más difíciles.

Lo dijo Edmund Hillary. Le preguntaron por qué subió el Everest. Respondió “porque está ahí”. No se necesita ninguna razón. Tenemos la curiosidad, solamente por ser humanos. Otra de las ideas que expongo es que no somos personas extraordinarias. Nadie es extraordinario… tal vez algunos olímpicos. Somos personas ordinarias haciendo cosas extraordinarias. Pero no tengo ninguna otra cualidad mejor que nadie. ¿Qué se siente llevar los colores de México? Te da fortaleza definitivamente, te inspira, te mueve. Una de los factores que más me movió era que yo tenía el compromiso de llevar la bandera de México a la cima del mundo. Y no estuve contento hasta que la llevé. Ése es un motor. Definitivamente. Y mas cuando vamos 400 mexicanos uniformados. Es espectacular.

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