Rubén Tenorio Vasconcelos, químico biólogo y empresario, es uno de los BM’s más activos y entusiastas de América Latina: es Presidente del BMW Moto Club Oaxaca, Delegado Internacional, miembro de la Comisión de Honor y Justicia de BMW Moto Clubes México; Vicepresidente de la Federación Latino Americana de Clubes BMW; Ambassador BMW Motorcycle Owners of America, así como miembro fundador del Comité Editorial Revista Boxer Motors, de México. En esta entrevista, relata algunas de las experiencias que ha ido atesorando a lo largo de sus viajes dentro y fuera de nuestras fronteras.

Boxer Motors: ¿Cómo nació la afición hacia el motociclismo y específicamente hacia las máquinas BMW? ¿Ya había antecedentes de esta afición en la familia? ¿Hubo algún influjo de algún personaje o de alguna vivencia en especial?

Rubén Tenorio Vasconcelos: La persona que más influyó en mi familia en la afición por el motociclismo fue mi tío Jaime, hermano de mi padre. Él nos llevaba a pasear en su moto, y luego nos acompañó con nuestras primeras máquinas.

Mi hermano Germán fue quien me enseñó a manejar una motocicleta, cuando yo contaba con ocho años. En casa tuvimos unas motos japonesas y mexicanas de dos tiempos. Nuestra primera moto “grande” fue una Yamaha RD 350, una joya en su momento; me cayó como herencia a los 16 años de edad. Después hubo una BSA, y por fin, cuando mi papá sintió que ya estaba preparado para incursionar en motos más grandes, las BMW. Él sabía que eran las mejores. Así que se compró la moto de sus sueños: una R 75/5 modelo 1972, que le vendieron unos gringos viajeros que se habían quedado sin dinero. La moto estaba en excelentes condiciones y mi padre andaba como de “luna de miel” con ella. Conforme sus hijos fuimos madurando, tanto en edad como en experiencia con las motos, fuimos también llegando a ellas.

BM: En México, durante muchos años no resultaba fácil conseguir una BMW, en cambio abundaban las máquinas japonesas y existía un cierto culto a las estadounidenses ¿Qué diferencias había entre las BMW de entonces y las otras motos disponibles?

RTV: Las BMW siempre fueron caras, sobre todo comparadas con las japonesas. Pero las primeras BMW las adquirimos de segunda mano; dada su excelente reputación, eso no implicaba inconveniente alguno.

Algunas motos eran de amigos cercanos y les conocíamos la historia. Para llegar a BMW tenía uno que pasar por muchos años y muchas tablas. Incluso las BMW para los jóvenes no eran atractivas, como sí lo eran las japonesas, más aerodinámicas, más vistosas; las BMW, con sus muchas virtudes, no estaban abocadas al mercado juvenil. Eran para gente madura. Con los años, la BMW ha abarcado también el mercado de los jóvenes, y a su vez, éstos se han acercado más a la marca. Pero a mí ya no me tocó vivir este fenómeno.

Los hermanos fuimos probando con varias marcas, especialmente japonesas. Luego vivimos poco a poco el proceso de dejar las deportivas japonesas, para adquirir las más viajeras BMW. Fue algo que vivieron también los amigos de diferentes latitudes. Sabíamos de las ventajas y atractivos de las japonesas, pero la reputación de las BMW nos fue seduciendo cada vez más.

BM: ¿Cómo eran las ciudades, las autopistas, para quienes incursionaban en aquellos años setenta en la práctica del motociclismo?

RTV: La mayoría de las carreteras eran de un solo carril de ida y uno de vuelta. Las autopistas se contaban con los dedos de una mano; viajábamos a través de carreteras federales, a veces en condiciones precarias. Las motos tenían que ser muy confiables, muy resistentes, porque los terrenos eran agresivos. Poco a poco, las motos mejoraron en tecnología, y los caminos se volvieron más amables. Hoy practicar el motociclismo resulta mucho más fácil y accesible.

BM: Aunque el motociclista disfruta aventurándose por carreteras no tan buenas.

RTV: Sí, todos los motociclistas en menor o mayor grado tenemos el espíritu aventurero, y sabemos que las autopistas, no son precisamente lo más divertido. Lo divertido es descubrir los poblados, paisajes, caminos, que no aparecen en los mapas. Podemos llegar a parajes de veras sorprendentes por los caminos de terracería. Pero si vamos a los Estados Unidos, al Canadá, o a Centroamérica, lo que exige cruzar México, lo mejor es viajar por la autopista.

BM: ¿Cómo se veía en los años setenta a los motociclistas?
RTV: Nuestro concepto del motociclismo ha ido evolucionando y madurando, pero mucha gente nos siguen viendo como seres de espíritu muy aventurero: una vez en Guatemala, en la presentación de los nuevos modelos BMW, una señora preguntó cuánto costaba uno de aquellos vehículos en México. Le dijimos que entre 15 y 20 mil dólares. Muy seria y preocupada, repuso: “¿Con ese dinero no se pueden comprar un coche en México?”.

BM: ¿Cuáles son los problemas que se encuentran actualmente los motociclistas?

RTV: Nosotros ya vivimos un proceso muy arduo. Ahora hay muchos jóvenes, e incluso señores con más de 40 años, que sin experiencia llegan a la concesionaria, compran una moto grande, adquieren su equipo, se inscriben en un club, se toman la foto y empiezan a rodar. Ahora las motos cuentan con tanta tecnología y los caminos son tan amables, que los novatos creen que son motociclistas experimentados. Y eso no es cierto. Como dice un amigo: “Con las motos actuales crees que manejas bien”. Pero no es verdad, la moto es quien hace el trabajo con la cantidad de tecnología que tiene encima: la suspensión asistida, los sistemas de frenos que han evolucionado muchísimo, las llantas. Por ello hay que tener en cuenta que ser motociclista es un proceso de maduración muy importante y que debe tomarse muy en serio.

BM: ¿Ya está creándose una cultura de la formación del motociclista en México?
RTV: Se está creando. Quienes tenemos más experiencia tratamos de compartirla con aquéllos que comienzan, para que la gente tome conciencia de que llegar de principiante a experto es un proceso que hay que vivir y disfrutar, que hay que compartir. No tiene que ser algo instantáneo. Para quienes ya tenemos muchos años en esto, es una la obligación cuidar de nuestros compañeros. El punto crítico está en medio, en quienes ya tienen cierta experiencia y les presumen un poco a los principiantes. Yo creo que debemos ser una sola comunidad. Esto ha madurado muchísimo, gracias al Moto Club Nacional, que nos ha apoyado a los clubes y nos ha dado mayor identidad. Eso nos permite convivir de una forma mucho más acertada.
Lo interesante, que da pie para reflexionar, es que la maduración e integración se fueron dando en diferentes partes del país durante los años noventa. Los clubes se fueron agrupando, adquirieron mejores motos y por fin nos fuimos acercando unos a otros, para crear el Club Nacional. Ya traíamos ganas de madurar. Fue una “globalización mexicana”.

Dinastía de viajeros

BM: ¿Hay algún viaje especialmente memorable?

RTV: A los 22 años me llevé a mi madre a Puerto Escondido en Moto; era el verano de 1985. Mi papá, ya de 56 años, en su BMW se llevó a mi hermano menor que tenía unos trece años. Yo tenía una japonesa deportiva, una Honda CB 900 F, en la cual me llevé a mi mamá, que tenía 52 años. Fue una experiencia que pocos pueden presumir.

 Para mí fue muy intensa, muy estresante incluso. Mi mamá venía fascinada, disfrutando el paisaje, pero yo venía muy tenso. Ella tenía 53 años. No sé cómo fue que se le ocurrió a mi papá confiármela a través de 300 kilómetros de curvas. Pero fue una experiencia muy experiencia muy enriquecedora.

BM: Un padre que demuestra tal confianza está consciente de que su hijo ya está preparado para arrostrar la responsabilidad, que ha pasado por un proceso adecuado.

RTV: Sí, yo creo que mi papá me fue vigilando, incluso silenciosamente, porque quienes influyeron más estrictamente en el manejo de la moto fueron mis hermanos mayores. Uno me lleva cinco, otro seis y otro siete años, lo que en la juventud es muy importante. Cuando yo tenía ocho, ellos ya tenían 15 14 y 13.

Ellos fueron los que me procuraron más manejo, más experiencias. De alguna manera yo era como la mascota de los tres, que competían mucho entre ellos, pero que a mí me cuidaban mucho. Creo que mi papá se fue dando cuenta de que ya tenía yo las tablas necesarias para confiar en mí. Otras experiencias muy intensas llegaron en 2006, cuando me llevé a hija de 15 años a San Francisco, California, y en 2009, cuando me llevé a mi hijo que a su vez cumplió 15 años, hasta Filadelfia.

BM: ¿Qué recuerdos importantes dejó el viaje con la quinceañera?

RTV: Cuando yo estaba planeando el viaje de 15 años con mi hija, mis hermanas, que la querían mucho, me prohibieron que me la llevara. Les repuse que ellas hubieran vivido una experiencia inolvidable si hubiesen emprendido un viaje a sus 15 años con mi papá. Para entonces mi papá ya había fallecido. Ellas admitieron que yo tenía razón: iba a ser una vivencia formidable tanto para mi hija como para mí. Sólo nos pidieron que nos cuidáramos mucho.

BM: ¿Hay alguna experiencia especialmente memorable de aquel viaje?

RTV: Llevábamos celulares para comunicarnos a casa en cualquier momento. Pero llegamos a un pueblo en la Sierra Nevada, donde no había ni servicio de Internet, ni de celular. Ahí estuvimos completamente aislados, mi hija y yo. Ambos sentimos que nos teníamos la una al otro, nada más. Fue una situación muy intensa, nos disfrutamos más, al sabernos unidos.
Lo interesante de aquel viaje es que mi hija y yo fuimos los dos solos. Cuando le tocó el turno a mi hijo, iba uno de mis hermanos con un amigo que se nos pegó. Mi hijo y yo compartíamos la misma moto. A pesar de ello, fue un viaje muy enriquecedor. Lo más agradable fue recorrer la costa Este de los EUA; juntos fuimos descubriendo, sus paisajes, pueblos, sitios culturales.
Durante esos viajes, Tratamos de evitar las ciudades grandes, las autopistas y los hoteles de cadena, que son iguales en todo el mundo. Visitar Los Ángeles o Houston, incluso en Nueva York en motocicleta, es un sinsentido. Lo más atractivo es conocer los pueblos pequeños, las carreteras vecinales, donde los hoteles son cabañas que alquilan los mismos lugareños. En una cabaña de las Rocallosas, en Colorado, la esposa del dueño preparaba la mantequilla para el desayuno que estaba incluido. Es muy diferente a desayunar en la comida rápida.
Esto no necesariamente implica rusticidad; en Antigua, Guatemala, hallamos un hotel boutique exquisito. Ahí nos dieron una degustación de café, que resultó deliciosa.

BM: ¿La quinceañera se ha animado a practicar el motociclismo?

RTV: El problema de las mujeres motociclistas en México es que el medio es mucho más agresivo que en otros países; en Europa y los EUA, hay medios de comunicación mucho mejores y también se respeta más al motociclista. El propio motociclista es más respetuoso con el medio. Hay más educación vial.

 Ser una mujer motociclista en el primer mundo no es ninguna hazaña, pero en nuestro medio es muy difícil. Por eso no he querido inculcarle el motociclismo a mi hija; no es lo mismo caerse en los EUA que en México. Quizás en un momento posterior resultará más viable. Ya nos acompañan algunas damas motociclistas en las convenciones nacionales. En forma espontánea, nuestras esposas se hacen grandes amigas.

BM: ¿El joven va a seguir la tradición familiar?
RTV: Sí, ya me urge iniciarlo. Estamos por adquirir una enduro de su talla, una 200. Yo ya tengo una 250 y juntos vamos a empezar a enlodarnos para practicar el motociclismo.

La cultura de la moto

BM: ¿Ha progresado la cultura del motociclismo en México?

RTV: En algunos aspectos hemos avanzado más en México que en otros países. Nuestra Asociación Nacional, la unión entre los clubes y las convenciones que organizamos, se han ganado el respeto internacional. Hay cosa que hacemos mejor que los estadounidenses. Nuestros eventos nacionales son de mucha mejor calidad, aun cuando los suyos son mucho más numerosos, con alrededor de ocho mil participantes. Nosotros reunimos entre 600 y 800. Nuestra calidad superior se nota en la unión que se manifiesta en cómo paseamos todos juntos, cómo nos sentamos en la misma mesa, cómo nos reunimos para los actos de inauguración o de clausura. Esto lo dicen los mismos estadounidenses.

BM: ¿Qué le parece la iniciativa de los BM’s como un organismo integrador de los amantes del motociclismo BMW?

RTV: Excelente. No sólo es reconocer el adecuado desempeño de quienes practicamos este deporte; también es un compromiso para seguir haciéndolo de la mejor manera. Este concepto está a punto de ser “exportado” a la Federación Latino Americana de Clubes BMW.

BM: Usted ha visto el nacimiento y desarrollo de Boxer Motors, que ahora emprenderá el lanzamiento de su portal de Internet, para consolidarse como un importante medio de información y comunicación importante dentro de su comunidad, ¿qué consejos o comentarios considera pertinente plantear en su calidad de miembro fundador del comité editorial?

RTV: Nuestra revista ha crecido en calidad y cada vez llega a más lectores. Estoy muy contento con la superación de este proyecto. Considero que debemos insistir en que cada vez más personas participen en ella, aunque no pertenezcan oficialmente al comité editorial. Quizás un departamento de “cartas al editor” pueda servir como un enlace más activo entre el comité editorial y quienes siguen el curso de la revista.

BM: ¿Cuál sería su idea para que se logre fortalecer la estructura de los motociclistas BMW, logrando que esta comunidad alcance el reconocimiento y la representatividad que se merece dentro del mundo del motociclismo mexicano?

RTV: La estructura de nuestra Asociación Nacional se ha ido enriqueciendo y fortaleciendo. Nuestras primeras asambleas no pasaban de 15 participantes. Ahora se acercan a los 100. En un principio, fueron cinco los clubes pertenecientes al Nacional. Ahora somos más de 20.

Necesitamos cuidar esta estructura para que por sí misma siga en su avance positivo. Vamos por muy buen camino, sólo hay que seguir muy atentos, aportando factores positivos que nos sigan enriqueciendo.

Hemos intentado acercarnos a otras asociaciones, sin que se logre mayor trascendencia. Hay grupos que nos ven con cierta envidia. Nos consideran elitistas. Por supuesto que lo somos. No sólo en cuanto al motociclismo. Somos elitistas en la elección de nuestras amistades. En el desempeño de nuestras profesiones. En la imagen y calidad humana de nuestras respectivas parejas. Somos elitistas y exigentes en todo, empezando por nosotros mismos.

Uno de los factores que más debemos cuidar, es la relación con el International Council, organismo que rige a todos los Clubes BMW, de automóviles y de motocicletas, del mundo.

El entonces Moto Club Nacional BMW México, se incorporó al Council en el año de 1996, pero no fue sino hasta el año 2004 en que se logró una participación más activa. Recientemente hemos creado, en conjunción con el Council, la Federación Latino Americana de Clubes BMW, la cual agrupa tanto a auto como a moto clubes. En la actualidad yo funjo como Vicepresidente de esta Asociación, y tendré el honor de participar en la próxima Asamblea del Council a realizarse en Queenstown, Nueva Zelanda en Octubre próximo. Será la primera ocasión en que un mexicano asista a un encuentro de este tipo. Les prometo un reporte completo de esta importante actividad.

BM: ¿Hay algún último comentario que deseara expresar?

RTV: Lo más increíble de los viajes son las sorpresas que te esperan. Soy de la opinión que mientras más planeas un viaje, más lo disfrutas. Hemos verificados los mapas y las fotos satelitales por internet, pero nada se compara al estar ahí.