Los Pirineos no marcan solamente la frontera natural entre Francia, España y Andorra; a través de sus estrechas y serpenteantes carreteras que pueden dejar exhausto al motociclista más curtido, se enlazan los siglos y las tecnologías. Los castillos medievales se alternan con los desarrollos turísticos de vanguardia y las granjas tradicionales con la tecnología de punta. Dos mexicanos y un sudafricano se propusieron a  recorrer esa cordillera en su totalidad.

Un edén para el motociclista. Pero también un paraíso que exige toda la concentración del viajero durante cada instante de su trayecto.

Rodaron con pronósticos de clima frío y húmedo, sin embargo el país catalán los recibió con un tiempo favorable, que disipó sus reservas.

Cuando se llega hasta esas aldeas, se aprecia cómo su arquitectura se integra con el entorno. Sus edificios comparten con el paisaje la piedra pizarra, tan dúctil que puede darle la forma de lajas ahí donde haga falta para armar las techumbres. De esta manera la obra humana mantiene una armonía de colores y texturas con la belleza natural de aquellos parajes, lo que aunado a la pulcritud de las aldeas y a la disponibilidad de la tecnología más moderna, conjuga las ventajas de dos mundos.

Aquel panorama nos invitaba a detener las motos, darnos una tregua y disfrutar de un buen café…

Si desea leer el artículo completo de este viaje realizado por Anthony Chinery, José Espinosa y Andrés Martínez puede acceder a nuestra Revista Boxer Motors #2 a partir de la página 20, la cuál puede consultarla en línea o descargarla en cualquier dispositivo en formato PDF.