Al cine se le ha llamado muchas veces “la fábrica de sueños”, y en el mejor de los sentidos, eso significa que puede ayudar a las nuevas generaciones para que descubran aspiraciones sanas y puedan plantearse un porvenir mejor, en lo individual y en lo comunitario.

Hoy en día, las personas vivimos en un círculo donde, al paso de los años, vamos olvidando la verdadera esencia de la vida. Convertimos nuestros días en algo rutinario, monótono, mecánico.

Hacemos de las cosas materiales nuestros imprescindibles, al punto de dejar de perseguir nuestros sueños. Todos deberíamos formularnos alguna vez en la vida estas preguntas: ¿cuántos sueños he realizado en mi vida? ¿en qué momento suplanté mis deseos de niño por uno del sistema social?.

En la infancia imaginamos lo que seremos de adultos, ilusiones que van desde llegar a ser astronauta o doctor, hasta convertirse en presidente, o inclusive en un súper héroe. Sin embargo, conforme crecemos cambiamos nuestra manera de pensar, quizá a causa del rechazo que genera el ver más allá de lo que la sociedad establece.

Es bien conocido que en Latinoamérica existe un sinfín de comunidades de escasos recursos cuya economía se basa en actividades primarias como la agricultura, la pesca o la ganadería.

Dichas actividades generalmente las llevan a cabo todos los integrantes de cada familia. De este modo, los más pequeños crecen con limitaciones; la educación que reciben los encadena a una rutina de sobrevivencia cotidiana. Como resultado, estos niños tienden a dedicarse a las labores que por generaciones ha desempeñado su familia y aprenden a hacer a un lado sus sueños.

Desde que se inventó la imprenta, los libros se han multiplicado y nos han ayudado a soñar despiertos con mil mundos posibles. En la actualidad, quien también nos hace soñar es la magia del cine, ya que podemos ver lo que nuestra imaginación proyecta. En los hogares latinos, a los cuales se hizo referencia anteriormente, muchos niños no han tenido la oportunidad de experimentar dicha magia por sí mismos, debido a las condiciones en que permanecen.

Es por estas razones que surge Projecting Dreams, en donde, sin importar las barreras que nos encontremos, alentamos a los infantes a seguir su camino sorteando cualquier obstáculo.

La historia de Projecting Dreams empezó en noviembre del 2013, cuando emprendí una travesía, con duración total de un año seis meses. Salí de Córdoba, Veracruz, México en una motocicleta Honda Bross 150 cc modelo 2007.

Recorrí más de 25 mil kilómetros y visité nueve países: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia y Ecuador. Conviví con comunidades indígenas y de escasos recursos; documenté las diferentes tradiciones culturales y las costumbres de esos pueblos latinoamericanos.

Realizaba mi trabajo para fundaciones como “Familia Maya” en Sololá, Guatemala, e iba documentando las diferentes problemáticas que se viven día a día en una sociedad indígena. En una ocasión, cuando encendí mi computadora, los niños de la comunidad se quedaron maravillados al ver un aparato con tal tecnología. Su reacción fue para mí una gran sorpresa, y aproveché el momento para reproducir un video con unos chimpancés y fragmentos de películas infantiles. Las caras atónitas de los niños me llevaron a darme cuenta de que ellos nunca habían tenido la oportunidad de ir al cine. Fue en ese momento cuando nació Projecting Dreams.

La mayoría de nosotros hemos tenido la oportunidad de apreciar el séptimo arte, pero ¿qué hay de aquellas personas que nunca lo han hecho? Aquéllas que ni siquiera saben lo que es una película. Projecting Dreams tiene como objetivo llevar material audiovisual a las comunidades, para influir de manera positiva y por este medio despertar la ambición de luchar por los sueños, sin importar las limitantes que el sistema social ha creado a lo largo de la niñez.

Una tradición recuperada.

Cabe recordar que en los primeros tiempos del cine en México hubo varias compañías que proyectaban cine ambulante, entre ellas la de los hermanos Alva, quienes también fueron precursores del documental y temerariamente filmaron la batalla de Bachimba, en Chihuahua, con cámaras de manivela: llevaban su repertorio de películas a muchas comunidades donde no existían salas cinematográficas. Para los lugareños era la oportunidad de asomarse al mundo. La tradición perduró muchos años después de la época silente y se extendió hasta los años ochenta del siglo pasado.

Aquel cine andariego ha sido objeto de homenaje en dos películas mexicanas: Vidas errantes (1985), de Juan Antonio de la Riva, con José Carlos Ruiz como un exhibidor de películas de la época de oro, quien recorre en su vetusta camioneta los poblados norteños, y El cometa (1999), dirigida por José Buil y Marisa Sistach, con Patrick Le Mauff como Guy, un empresario trashumante francés radicado en nuestro país en tiempos de la Revolución.

Claro que aquellos empresarios trotamundos cargaban con pesados proyectores para películas de nitrato de plata, que se alimentaban con kilométricos rollos de celuloide guardados en latas metálicas. Pese a todos los inconvenientes, el cine trashumante cumplía una importante función al llevar unas producciones que ofrecían mensajes positivos, o al menos un entretenimiento sano a las comunidades sin infraestructuras culturales.

Projecting Dreams recupera esa tradición, pero ahora con un claro propósito social y con los recursos del siglo XXI. Projecting Dreams aprovecha la eficacia de la motocicleta, el vehículo ideal para llegar hasta las poblaciones más aisladas.

Para emprender estas misiones se eligió una BMW G 650 GS Sertão, diseñada espacialmente para correr a campo traviesa y por caminos de terracería. Su consumo es de 3.2 litros por cada 100 km a 90 kph, y apenas pesa 192 kg con el tanque de 14 litros lleno, por lo que ofrece una autonomía superior a los 400 kilómetros, vital en las áreas lejanas a las estaciones de servicio. Se le adaptó un sistema de video y de sonido, que nos permite proyectar las películas. Ésta es la manera en que se lleva el material a las comunidades más remotas y de difícil acceso. Este “cine móvil” aprovecha el bajo consumo de combustible y la económica energía generada por la motocicleta para cargar los aparatos usados durante las proyecciones, creando así un Eco-Cine Móvil.

 

Para aquilatar los alcances de Projecting Dreams, resulta esencial un factor que se ha mantenido vigente desde que los hermanos Lumière proyectaron la primera función cinematográfica en 1896, hasta la época actual con las producciones tridimensionales: la experiencia colectiva, que le permite a cada espectador compartir las emociones que le provoca la película con los otros miembros del auditorio. Esa experiencia colectiva conectó al joven espectáculo silente con la tradición teatral y fue la carta de triunfo para el cinematógrafo contra su competidor, el kinetoscopio de Edison, que solamente admitía usuarios individuales, quienes miraban la película cada uno por su lado en aparatos accionados con monedas.

Projecting Dreams está consciente de que, para los niños de la comunidad, se trata de la primera vez que ven una película en un “cine”, así que cuando finaliza la proyección, los sentidos de los pequeños espectadores estarán sensibilizados y se les ofrecerá una plática respecto a lo importante que es seguir sus sueños; se les darán ejemplos de vida, como lo son Nick Vujicic, José Hernández, Mahatma Gandhi, la Madre Teresa, Nelson Mandela, Albert Einstein, Debbie Fields entre muchos otros.

Sueños para el futuro.

Se realizó un viaje piloto de Projecting Dreams desde Veracruz, Veracruz hasta Monterrey, Nuevo León, proyectando películas en comunidades que vamos encontrando en el camino. De esta manera pudimos determinar las ventajas y desventajas de nuestro sistema de proyección, mejorando de una manera práctica el viaje que emprenderemos por Latinoamérica.

Ahora se está emprendiendo el viaje a través del Continente Americano, vivimos experiencias increíbles al convivir con las comunidades indígenas y de escasos recursos; documentamos lugares que convierten a cada país en un destino viajero. Durante el recorrido se publican videos de las actividades; así se comparte esta aventura para que todas las personas sean parte de este gran viaje.

 

En su página de Facebook, Projecting Dreams ofrece una mirada a los niños latinoamericanos que reciben las visitas del cine itinerante. De igual manera el canal de You Tube, el cual nos motiva mucho ya que se enfocan en este gran parte de los esfuerzos para documentar el viaje, y permite compartir de manera más cercana la experiencia de esta aventura con todas las personas que lo visitan, esperando poderlos inspirar para participar apoyando esta iniciativa.

Llama la atención que la propia motocicleta despierta el espíritu de aventura en niñas y niños por igual: sin inhibiciones, se montan en los asientos, empuñan el manillar y miran a través del parabrisas, hacia adelante.

La moderna y ligera pantalla se arma frente a unos paisajes, genuinamente de película: en la región rarámuri, el desierto inmediatamente evoca un sinfín de aventuras fílmicas, desde el Fuerte Apache de John Ford hasta El bueno, el malo y el feo, de Sergio Leone.

En esta región no se ven torres con líneas de energía, antenas parabólicas ni de radiodifusión. Las películas que lleva la G 650 GS Sertão constituyen una ventana al mundo exterior, a lo que existe más allá de donde llegan los ágiles pies de la comunidad.

Y la comunidad recompensa a los visitantes que les llevan el cine con un banquete de platos tradicionales; en Veracruz, el agasajo se acompaña con música en vivo.

Pero siempre, en todos lados, son los felices semblantes infantiles quienes mejor recompensan cada esfuerzo.

En San José, Nuevo León, El Barril, Baja California, Choguita, Chihuahua, La Vega y Antiguos Mineros, Coahuila, se repiten las vivencias y emociones que envuelven a cada función. Los lugareños devuelven más de lo que reciben.

No faltan los contratiempos: más de una vez la G 650 GS Sertão se ha detenido contra nuestra voluntad: una caída en la sierra chihuahuense, una llanta ponchada en el desierto, un desperfecto mecánico en Parral, donde no hay refacciones originales y no queda sino improvisar una solución provisional. Sin embargo todas estas peripecias se vuelven anecdóticas frente a las satisfacciones que nos ofrece cada proyección ante los públicos infantiles.

Se estará trabajando por medio de algunas fundaciones para así elegir de una mejor manera los lugares que se visitarán, donde conviviremos con los lugareños.

Se viajará aproximadamente durante dos años en busca de comunidades de escasos recursos en 20 países diferentes: México, Guatemala, Belica, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Suriname, Las Guyanas, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil.

En cada nación se tomará el tiempo necesario para determinar el mayor número posible de comunidades a vistar y las películas que se proyectarán en éstas. Así como la forma de ingresar, específicamente a Venezuela, considerando el escenario político y social que vive actualmente.

Con este esfuerzo se busca crear consciencia sobre la importancia de participar en acciones que ayuden a las generaciones jóvenes a realizar sus sueños y generar nuevas ideas con fines positivos. Actualmente Proyecting Dreams se solventa con fondos personales y con la venta de algunos productos en internet, ya que no contamos con algún patrocinador que ayude con recursos económicos, sin que ello represente una limitante para continuar.

Projecting Dreams es un esfuerzo para mostrarles a los niños latinoamericanos el futuro que merecen.