Aún con su gran travesía muy fresca en la memoria –el reciente viaje de México, DF al punto más austral del continente, el puerto de Ushuaia en Argentina– varios motociclistas y algunos amigos invitados se lanzaron a una nueva aventura. Luis Carlos Pérez Gavilán, Axel Pettersson, Francisco García, Francisco Muniello y Amado Martínez integraron una expedición por Sudamérica, que durante dos meses los llevó a recorrer el Caribe colombiano, Venezuela y el Brasil.

Rodando el Amazonas fue el tema de este viaje. Sus cinco GS 1200 se embarcaron en Veracruz para navegar al puerto de la muy bella Cartagena, Colombia, punto de partida del itinerario. El corto recorrido por la costa colombiana y el trayecto a través de Venezuela los cubrieron bajo un infernal calor de más de 40 grados.


Acostumbrados a lidiar con cualquier condición, recorrieron varios estados de ese país, en especial la Gran Sabana, famosa por sus colosales montañas de enormes macizos de roca, mejor conocidos como Tepuis; hermosa naturaleza pletórica de ríos y caídas de agua.
Pasaron por la frontera de Santa Elena de Uairén hacia el Brasil, después de interminables horas de espera por el papeleo, con rumbo al Amazonas.


En esta nueva etapa brasileña las distancias se tornaron gigantescas, ya que el primer punto, Manaos, se encuentra a mil 200 Km. de distancia. El gran platillo del viaje estaba comenzando al atravesar esta fantástica zona selvática. Una estancia en un campamento de la selva les permitió disfrutar de la fauna y la flora de la región. Fue una experiencia muy exótica pescar y comer pirañas, al igual que las expediciones nocturnas para observar lagartos, las caminatas por la selva y los recorridos por los ríos que forman un enjambre de vías acuáticas dentro de la selva.


Embarcarse en el puerto de Manaos con sus motos para recorrer 1,600 Km por el Amazonas, durante cinco días hasta la ciudad de Belem, en la costa del Atlántico, fue de lo más pintoresco. Su embarcación, el “Onze de Maio”, propiamente no era un yate de lujo sino un tosco barquichuelo de madera y metal, donde los viajeros en su mayoría duermen en hamacas, se bebe cerveza por galones y se navega con la música puesta durante 20 horas al día, lo que fue toda una experiencia. Embarcar y desembarcar las motos fue algo jamás experimentado antes: pudieron acabar pilotos y motos en el río, teniendo en mente que las pirañas no optarían por probar las GS.


A partir de la ciudad de Belem, el recorrido –unas veces por la costa del Atlántico y otras por el interior del país– los llevó a cruzar muchos estados: destinos playeros muy hermosos, como Ponta Negra en Natal, la Playa de los Franceses, Canoa Quebrada y muchas otras, con un mar de color turquesa, así como las alucinantes dunas con lagunas formadas por una lluvia de color esmeralda en Lençois de Maranhenses. Los motociclistas pudieron también recorrer parques nacionales como el de Chiapada Diamantina, al igual que los fantásticos pueblos multicolores de bella arquitectura portuguesa, como Olinda, en la costa y Ouro Preto, en las montañas. La gran ciudad de Salvador, capital de Bahía, representa las raíces de la música y la comida brasileña de origen africano, por haber sido un importante centro de esclavos.

Después de casi once mil kilómetros, los expedicionarios llegaron al destino final, la vibrante ciudad de Río de Janeiro, que los recibió con sus escénicas bahías, su música y demás delicias. Es siempre digno de mencionar el gran cariño de los habitantes de toda Sudamérica hacia los viajeros de México, a quienes colman de atenciones y ayuda, recordándonos así lo fenomenal que es viajar por estas latitudes.