Ivette Montalvo: Cuando la vida deja de encajar

La historia de Ivette Montalvo Egüez no comienza con una carretera abierta ni con el rugido de un motor, sino con una sensación mucho más silenciosa y difícil de ignorar: la de una vida que, aunque funcional
y estable, había dejado de sentirse propia, íntima y verdaderamente elegida.

Ingeniera, profesional consolidada, con una trayectoria clara y un futuro perfectamente estructurado, Ivette llegó a ese punto en el que todo parece estar en su lugar… excepto uno mismo. Fue en ese instante, mientras trabajaba en Lima, cuando entendió que estaba viviendo en automático.  No había crisis visible, pero sí una desconexión interna que no podía seguir ignorando. Ese quiebre no fue dramático, fue decisivo. Y como ocurre con las decisiones que realmente transforman una vida, no vino con certezas, sino con una intuición: moverse. Así comenzó lo que sería un viaje de un año sabático, que terminó siendo 7 años, 34 países y una nueva forma de estar en el mundo.

África: el punto de ruptura con la vida conocida

El primer gran territorio de transformación fue África. No como postal, sino como experiencia cruda, física, sin filtros. Ivette se embarcó en un viaje overland, una modalidad en la que se recorre el continente en camiones adaptados, durmiendo en carpas, cocinando en ruta y compartiendo espacio con desconocidos durante semanas o meses.

Lo que inició como un plan temporal se expandió rápidamente. Sus amigas regresaron. Ella se quedó. Y en esa decisión aparentemente simple ocurrió algo profundo: el inicio de su verdadera independencia emocional, marcando un antes y un después en su forma de habitar el mundo y de entenderse a sí misma.

La soledad, lejos de ser ausencia, se convirtió en un espacio de descubrimiento. Por primera vez, no viajaba acompañada de referencias conocidas, sino de su propia intuición.

África le enseñó una palabra que marcaría todo lo que vendría después: adaptabilidad. No como teoría, sino como práctica diaria en condiciones impredecibles, donde lo único constante era el cambio.

Asia: el mundo como espejo y confrontación

Si África la movió, Asia la motivó a reconstruirse desde otra mirada. En este segundo gran bloque de su viaje, Ivette dejó de ser solo una viajera para convertirse en una observadora profunda de la realidad humana.

En países como Indonesia, Myanmar, India o Nepal, el viaje dejó de ser únicamente externo y se convirtió en una experiencia de lectura interna constante.

No había turismo en su forma tradicional, sino inmersión. En Indonesia fue testigo de rituales donde la muerte se vive como parte orgánica de la vida; en Myanmar se enfrentó a contextos donde las dinámicas sociales revelaban tensiones profundas; en India descubrió una intensidad que no se explica. Cada país funcionaba como un espejo incómodo que desafiaba sus ideas previas sobre el mundo, sobre la cultura… y sobre sí misma.

Pero había algo que todavía no había sido explorado en su totalidad: el movimiento como experiencia física extrema. Y ese siguiente capítulo cambiaría todo.

Colombia: la libertad puesta en práctica

Antes de enfrentarse a las rutas extremas del Himalaya, hubo un territorio donde todo lo aprendido dejó de ser idea para convertirse en acción: Colombia. Este viaje no fue un cierre ni una meta, sino una especie de graduación en su proceso con la motocicleta y, sobre todo, en su relación con el miedo.

Ivette llegó a este punto desde un momento vulnerable. El aprendizaje de la moto había estado marcado por caídas, dudas y una fractura que obligó a detenerlo todo.

Ese quiebre no solo fue físico, también la enfrentó a una decisión interna: abandonar o continuar. Y decidió seguir.

Colombia se convirtió entonces en el espacio donde esa decisión tomó forma. No desde la épica, sino desde la práctica cotidiana: volver a subirse a la moto, recuperar la confianza en el cuerpo y avanzar aun con incomodidad.

A diferencia de etapas anteriores, aquí no había descubrimiento, sino integración. La intuición ya no era algo en construcción, sino una guía afinada; el miedo ya no paralizaba, pero tampoco desaparecía: se volvía presencia constante.  En paralelo, entre rutas y pausas, Ivette cerró otro proceso clave: la escritura de LIBRE. Después de dos años, logró terminar un relato que no solo documenta el viaje, sino que lo transforma en experiencia compartida. Colombia no fue solo un lugar, sino un punto de convergencia entre cuerpo, mente y decisión. Una confirmación de que la libertad no está en evitar la caída, sino en elegir avanzar, incluso cuando el camino no es claro.

COLOMBIA

La motocicleta como forma de libertad

Aunque durante años Ivette había recorrido el mundo por tierra, tren, camión o a pie, existía un límite que no había cruzado: la motocicleta. Incluso en Asia, donde la movilidad en dos ruedas es parte del paisaje cotidiano, el miedo la mantenía al margen.

No era solo una cuestión técnica, sino simbólica: el control, la exposición, el riesgo. Ese límite se rompió al regresar a Ecuador. Decidió aprender a manejar motocicleta desde cero.
Y no fue un proceso limpio ni inmediato.   

Hubo caídas, lesiones, incluida una fractura, dudas y momentos de pausa obligada. Pero también hubo algo más importante: persistencia. Porque lo que parecía un simple aprendizaje mecánico se convirtió en otra capa de su transformación personal.

Con el tiempo, la moto dejó de ser un desafío y se convirtió en una extensión natural de su forma de entender la libertad. No era solo un vehículo, era una herramienta de presencia absoluta, un espacio donde cada decisión importa y cada instante exige atención plena.

En la moto no hay distracciones posibles: solo el camino, el cuerpo y la mente alineados en un mismo ritmo, avanzando sin certezas pero con total claridad interior.

India y el Himalaya: cuando el viaje se vuelve físico y mental

Uno de los puntos más significativos de esta etapa fue la ruta Delhi–Ladakh, en India. Una travesía que solo es posible durante una breve ventana del año, cuando los caminos en el Himalaya se abren tras el deshielo, revelando rutas extremas y paisajes imponentes.

Allí, el viaje deja de ser cómodo, estable
o predecible. El clima cambia constantemente, la altitud exige adaptación física, y la carretera exige concentración absoluta.

En ese tipo de rutas, no hay distracciones.

Solo existe el cuerpo, la máquina y el entorno. Es ahí donde Ivette experimenta una de las formas más puras de su filosofía de vida: la libertad no es ausencia de miedo, sino movimiento a través de él.

La motocicleta no solo amplificó su viaje; lo redefinió. Porque cuando se viaja en dos ruedas, el mundo deja de ser observado
a distancia y comienza a ser atravesado con cada respiración.

Del movimiento exterior al viaje interior: LIBRE

La pandemia detuvo el mundo, pero no detuvo el proceso interno que Ivette ya había iniciado años atrás. En ese periodo de pausa obligada surgió la necesidad de ordenar lo vivido, de darle forma a siete años de experiencias que no cabían en la memoria cotidiana. El resultado fue LIBRE, una obra construida desde la experiencia directa, sin idealización. Más que un libro de viajes, es un testimonio de transformación, donde el recorrido geográfico convive con el emocional.

Aquí no hay una heroína perfecta, sino una mujer que aprendió a moverse entre el miedo, la incertidumbre y la expansión constante de sus propios límites.

La obra es un relato sobre la experiencia de viajar por el mundo con poco equipaje, priorizando el aprendizaje sobre lo material. Busca inspirar a los lectores a superar sus miedos y atreverse a perseguir sus sueños a través de la exploración de nuevos lugares.

Del viaje personal a una experiencia compartida

Después de recorrer el mundo durante siete años, Ivette Montalvo Egüez transformó su aprendizaje en un proyecto tangible: Ewet Journey.

A través de sus experiencias en moto, creó un concepto que va más allá del turismo tradicional, diseñando rutas que invitan a las personas a salir de su zona de confort y conectar consigo mismas desde el movimiento.

Inspiradas en sus propias travesías, como las rutas del Himalaya, estas experiencias combinan aventura, introspección y libertad, posicionándose como un espacio donde viajar no es solo recorrer kilómetros, sino iniciar un proceso de transformación personal.

Viajar sola: aprender Colombia: la libertad puesta en práctica

Antes de enfrentarse a las rutas extremas del Himalaya, hubo un territorio donde todo lo aprendido dejó de ser idea para convertirse en acción: Colombia. Este viaje no fue un cierre ni una meta, sino una especie de graduación en su proceso con la motocicleta y, sobre todo, en su relación con el miedo.

Ivette llegó a este punto desde un momento vulnerable. El aprendizaje de la moto había estado marcado por caídas, dudas y una fractura que obligó a detenerlo todo.

Ese quiebre no solo fue físico, también la enfrentó a una decisión interna: abandonar o continuar. Y decidió seguir.

Colombia se convirtió entonces en el espacio donde esa decisión tomó forma. No desde la épica, sino desde la práctica cotidiana: volver a subirse a la moto, recuperar la confianza en el cuerpo y avanzar aun con incomodidad.

A diferencia de etapas anteriores, aquí no había descubrimiento, sino integración. La intuición ya no era algo en construcción, sino una guía afinada; el miedo ya no paralizaba, pero tampoco desaparecía: se volvía presencia constante.  En paralelo, entre rutas y pausas, Ivette cerró otro proceso clave: la escritura de LIBRE. Después de dos años, logró terminar un relato que no solo documenta el viaje, sino que lo transforma en experiencia compartida. Colombia no fue solo un lugar, sino un punto de convergencia entre cuerpo, mente y decisión. Una confirmación de que la libertad no está en evitar la caída, sino en elegir avanzar, incluso cuando el camino no es claro.

A confiar en lo invisible

Viajar sola siendo mujer implicó atravesar capas profundas de condicionamiento social y personal. El miedo estuvo presente desde el inicio, pero no como un freno definitivo, sino como una presencia constante que debía ser escuchada, interpretada y, muchas veces, atravesada.

Ivette aprendió a confiar en su intuición como un sistema de navegación interno. A reconocer cuándo un lugar no era seguro, cuándo una decisión no resonaba, cuándo era momento de detenerse o avanzar. Con el tiempo, entendió que la verdadera seguridad no está en el entorno, sino en la capacidad de leerlo con atención y sensibilidad.

Dormir en espacios compartidos, convivir con desconocidos, improvisar rutas, aceptar cambios constantes… todo formó parte de un entrenamiento silencioso que la llevó a desarrollar una nueva forma de confianza: una que no depende del control, sino de la presencia.

En ese proceso, la soledad dejó de ser una condición externa para convertirse en un espacio de claridad. Estar sola ya no significaba estar en riesgo, sino estar disponible: para observar, para decidir, para sostenerse a sí misma sin intermediarios.

El mundo no cambia, tú sí

Volver después de siete años no fue un cierre, sino un contraste. El mundo seguía funcionando igual, pero su percepción había cambiado por completo. La rutina ya no tenía el mismo peso, las estructuras sociales se veían distintas, y la idea de estabilidad había sido redefinida desde la raíz.  Ivette entendió entonces que el verdadero viaje no termina cuando regresas, sino cuando integras lo vivido. Que no se trata de volver a ser quien eras, sino de reconocer quién te has convertido.

Libertad en movimiento

La historia de Ivette Montalvo no es únicamente una narrativa de viajes. Es una exploración profunda de lo que significa vivir sin pedir permiso. Su tránsito de ejecutiva a mochilera, de viajera a motociclista, de observadora
a narradora, revela una misma constante:
el movimiento como forma de conciencia.

Y es aquí donde su historia de vida dialoga naturalmente con el espíritu de Boxer Motors: en la idea de que la libertad no es un destino, sino una práctica que se activa cada vez que decides encender el motor, externo o interno, y avanzar hacia lo desconocido.

Porque al final, no se trata solo de recorrer
el mundo. Se trata de atreverte a atravesarte a ti mismo.

Scroll al inicio