Raíces de trabajo y disciplina
Ernesto Lozano Loza tiene 67 años y nació en una familia donde el trabajo no era discurso, sino rutina diaria. Creció entre granjas avícolas y, más tarde, en un entorno dedicado a la fabricación de artículos de piel. Esa mezcla de campo, taller y empresa le dio algo que marcaría toda su vida: la certeza de que el trabajo serio empieza mucho antes de recibir un título profesional.
Cursó la primaria en la escuela de la Parroquia del Barrio de San Miguel, en León, y continuó la secundaria y la preparatoria en escuelas oficiales. Con esfuerzo familiar y el apoyo de sus hermanos, llegó al Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, donde estudió Arquitectura y concluyó sus estudios en diciembre de 1983. Desde entonces, su historia se ha escrito siempre con la misma constante: aprovechar cada oportunidad para construir algo que lo trascienda.
Monterrey, el Tec y el descubrimiento del liderazgo
La etapa en Monterrey no fue solo académica. En 1978, ya instalado en la ciudad, Ernesto se integró al Grupo Scout 30, fundado un año antes por estudiantes del Tec y por su hermano Juan Antonio.
Lo que comenzó como una actividad extracurricular se convirtió en una verdadera escuela de liderazgo. Durante los cinco años de carrera, dedicó buena parte de su tiempo al grupo hasta convertirse en dirigente, en lo que los scouts llaman “La Manda”, la figura de referencia para niños que hoy son profesionistas formados bajo ese ejemplo. En paralelo, se acercó al mundo editorial universitario a través de la revista Ondas, una publicación del Tec fundada en 1963 con enfoque técnico y científico.
Invitado por su hermano Refugio Lozano, primero asumió la dirección de finanzas y después la general. Desde ahí impulsó un cambio de enfoque para incorporar temas sociales y culturales que conectaran mejor con la vida diaria de la comunidad estudiantil. Ese binomio, liderazgo juvenil y comunicación, terminaría siendo la base de su estilo profesional: escuchar, proponer y convertir las ideas en proyectos concretos.
La disciplina del tatami
En 1973, con quince años, Ernesto se acercó al Tae Kwon Do. Él mismo reconoce que en secundaria y preparatoria era “peleonero”. En el tatami encontró algo más que una salida para la energía juvenil: halló una filosofía de vida basada en respeto, integridad, perseverancia y autocontrol. Con el tiempo, esos principios dejaron de ser parte exclusiva del entrenamiento y se convirtieron en guía de conducta dentro y fuera del área de combate.
Y aunque su práctica tuvo pausas naturales a lo largo de la vida, recientemente retomó el Tae Kwon Do con disciplina renovada, hasta alcanzar el grado de cinta negra.
Hoy, cuando habla de disciplina en la empresa, de liderazgo en los colegios de profesionistas o de manejo responsable en la moto, el eco de aquellas primeras lecciones es evidente.
De joven arquitecto a constructor de industria
Ernesto inició su trayectoria profesional en la década de los ochenta y hoy acumula casi cuatro décadas de ejercicio como arquitecto, urbanista y empresario.
El propio arquitecto resume esa etapa con una frase contundente: la arquitectura es el rastro físico del paso del ser humano por la Tierra y, por lo tanto, una responsabilidad enorme para quien la ejerce.
En el ámbito privado, su práctica se consolidó a través de Lozano Loza Arquitectos, firma registrada ante el Padrón Único de Contratistas del gobierno de Guanajuato, especializada en proyectos ejecutivos y servicios de consultoría profesional.
En paralelo, su visión empresarial tomó forma en Grupo Colosa, compañía leonesa de diseño y construcción con más de treinta años de experiencia, dedicada a proyectos industriales, institucionales, comerciales, deportivos, corporativos y habitacionales.
La empresa ofrece soluciones integrales que abarcan desde la búsqueda de terrenos y estudios de factibilidad hasta el proyecto arquitectónico, la ingeniería BIM, la ejecución y el gerenciamiento de obra bajo el lema “Mejor plan, mejor industria”.
Los portafolios públicos de Grupo Colosa incluyen naves y complejos para la industria automotriz, hidráulica, energética y de transporte, con clientes como US Farathane, Norman México, Siemens Energy, Amanco Wavin, Hirotai, Bader de México y operaciones para el grupo Flecha Amarilla, entre muchos otros.
En ese universo de concreto, acero y logística industrial, la huella del Arquitecto Ernesto no es solo el edificio terminado.
Es la manera en que cada proyecto busca agregar valor a la ciudad, mejorar procesos productivos y crear entornos de trabajo dignos para las personas.
Colegio de Arquitectos de León y pensamiento urbano
A inicios de los años dos mil, un grupo de arquitectos de León decidió que era momento de dar un paso al frente en la vida gremial. Ernesto fue parte de esa iniciativa.
Con el lema “acciones, no palabras”, integraron una planilla para dirigir el Colegio de Arquitectos de León. Ganaron por una diferencia cerrada y él asumió la presidencia del Consejo Directivo.
Desde esa trinchera, el Colegio impulsó la consolidación de una sede digna, capaz de representar el peso del gremio en la ciudad. Paralelamente, el consejo se caracterizó por un análisis crítico de la problemática urbana de León y por la presentación de propuestas concretas en temas de crecimiento de la mancha urbana, movilidad, equipamiento y normatividad.
Su labor no se limitó al periodo como presidente. Años después, documentos internos del Colegio lo registran como parte de órganos como la Junta de Honor y Justicia y como proyectista acreditado, lo que refleja una participación constante en la vida institucional y en la defensa de la calidad profesional.
La moto como espacio de libertad compartida
En medio de una agenda intensa de trabajo, Ernesto vivió un punto de inflexión en 2013.
Las presiones empresariales y la responsabilidad de seguir creciendo su sueño lo llevaron a buscar algo más que un simple pasatiempo. Necesitaba un espacio propio, mental y físico, y una actividad que además pudiera compartir con su esposa Fernanda. Ahí apareció el motociclismo.
Su historia sobre dos ruedas comenzó con un objetivo sencillo: rodar para despejar la mente. Con el tiempo, se transformó en una fuente de reflexión profunda y en una nueva comunidad de vida. En apenas una docena de años, las rutas lo han llevado por México y Estados Unidos, Canadá, Alaska, España, Colombia y la Patagonia. En la mayoría de esas aventuras, el escudo de BMW Motorrad ha estado presente en el tanque.
La moto le ofreció algo que resonó de inmediato con su carácter. Le dio la combinación perfecta entre planeación y riesgo controlado, la necesidad de leer el entorno, la importancia de la disciplina y el valor de la camaradería en carretera. No es casual que hoy forme parte activa del BMW Motorrad Club León, una comunidad que comparte salidas, viajes anuales y proyectos que conectan la pasión por rodar con el turismo responsable y la convivencia familiar.
En el ámbito BMW, Ernesto Lozano ha tenido también grandes responsabilidades de liderazgo, tanto a nivel local como en la estructura nacional de clubes, reflejadas en los materiales donde se le presenta como presidente del club de BMW Motorrad León y presidente nacional de BMW Asociación Nacional de Moto Clubs Oficiales A.C. Desde ese rol, su visión de “acciones, no palabras” ha encontrado un nuevo espacio para materializarse
Arquitectura y comunidad BMW
Visto desde Boxer Motors, el perfil del Arquitecto Ernesto Lozano Loza refleja una coherencia única.
Su gran labor se centra en la planeación de servicios y construcción de la gran infraestructura industrial, fortaleciendo el desarrollo de León y el Bajío.
Paralelamente, su vida en la moto es un laboratorio emocional donde pone en práctica los valores que comparte en sus conferencias: disciplina, respeto, ética de trabajo, adaptación y la certeza de que ninguna ruta se recorre solo.
Cada viaje existe gracias a un equipo, una familia, amigos y una comunidad unida por la misma pasión. Para la familia BMW Motorrad, su historia recuerda que los kilómetros no solo se miden en mapas, sino en decisiones, oportunidades para los jóvenes, ciudades mejor pensadas, empresas que cuidan a su gente y clubes que convierten cada rodada en aprendizaje y servicio.
Un legado en construcción
Ernesto invita a cambiar la pregunta: de “¿qué quiero lograr?” a “¿qué quiero dejar?”. Su vida, desde la disciplina temprana hasta su liderazgo como arquitecto, empresario y viajero BMW, refleja una misma constante: construir algo que trascienda.
Su legado vive en infraestructura productiva, jóvenes impulsados por becas, nuevas generaciones de arquitectos y una comunidad BMW que lo reconoce como referente y compañero de ruta. Para Boxer Motors, Ernesto Lozano Loza confirma que el legado no se hereda: se construye.
Espíritu emprendedor
Detrás de ese legado hay una infancia marcada por la inquietud y por una capacidad temprana para emprender. Ernesto recuerda que, desde muy pequeño, se apasionaba con cada actividad que emprendía. El entorno familiar, ligado a la avicultura, fue su primer laboratorio de negocios. Junto con sus hermanos, organizó la venta de huevo de la granja de su abuelo en el barrio donde vivían y, poco a poco, pasaron de ayudar en el negocio familiar a comportarse como auténticos microempresarios. Más adelante, el fin de semana ya no era solo descanso. Se transformó en jornada de trabajo: acompañados por la asesoría de su padre, un avicultor reconocido, los hermanos Lozano vacunaban miles de pollos en distintas granjas, aprendiendo en la práctica lo que significan la responsabilidad, el trabajo en equipo y la constancia.
A esa experiencia se sumó otra pasión juvenil: la crianza de palomas mensajeras. Primero habilitaron un pequeño palomar en la azotea de la casa y después ampliaron el proyecto en un espacio de la granja del abuelo para comercializar mejores ejemplares entre amigos y conocidos. En ese proceso entendieron ciclos de vida, cuidado de los animales y el valor de la paciencia. Todas esas vivencias, vistas hoy a la distancia, fueron el entrenamiento silencioso de un carácter que décadas después estaría al frente de empresas, colegios de profesionistas y motoclubes.
La primera BMW y un giro de vida
Así como la arquitectura llegó a consolidarse como su vocación profesional, la moto entró a su vida en un momento muy específico. Ernesto recuerda con nitidez su primera BMW. En 2013, a los cincuenta y cinco años y en pleno auge de su actividad como arquitecto y empresario de la construcción, vivía jornadas de diez a doce horas de trabajo diario. La exigencia era alta y la mente no se desconectaba fácilmente.
En ese contexto, la moto apareció como necesidad y no solo como antojo. Buscaba un pasatiempo que le permitiera desconectarse del entorno empresarial, cambiar de escenario y recuperar un espacio personal que pudiera compartir con su esposa. La decisión de subirse a una BMW no fue casual. Desde el principio, la marca le hizo sentido por su perfección en el diseño, por sus líneas aerodinámicas, por la forma en que permite sentir el viento en la cara y por la presencia que transmite. En sus palabras, esas motos encarnan los mismos principios básicos que una buena obra arquitectónica: forma, función y belleza. Con el tiempo, esa afinidad se volvió exclusiva. No ha tenido otra marca de moto. Encontró en BMW un lenguaje que reconoce como propio y una plataforma que le ha permitido convertir aquel pasatiempo tardío en un estilo de vida compartido.
La planeación como forma de vida
Si algo recorre de manera transversal la vida del Arquitecto Lozano Loza es la planeación. En su mundo profesional, ningún proyecto se concibe sin un proceso claro de diseño, administración, ejecución y control. Cada obra implica diseñar una ruta crítica de actividades para anticipar eventualidades, minimizar errores y corregir el rumbo cuando sea necesario. Con los años, esa forma de pensar dejó de ser solo un método de trabajo y se transformó en un estilo de vida. Ernesto aplica la planeación en lo personal, en lo profesional, en lo empresarial y, desde hace tiempo, también en el motociclismo. Para él, una buena ruta tiene la misma lógica que un buen proyecto: se define el objetivo, se traza el camino, se calculan tiempos y recursos, se prevén riesgos y se deja espacio para la improvisación responsable.
Esta mentalidad ha sido clave para organizar viajes largos, eventos del club y la conducción de las asociaciones en las que participa. En conjunto con los consejos directivos que lo acompañan, busca siempre un equilibrio entre rodar por placer y mantener vivos los valores que caracterizan a un motociclista responsable y a un motoclub bien organizado.
Del reconocimiento profesional al liderazgo en la moto
A lo largo de su carrera como arquitecto y empresario, Ernesto nunca trabajó con la intención de acumular premios o reconocimientos. Su enfoque ha sido siempre hacer bien el trabajo, motivar a su equipo, cumplir las expectativas de los clientes y entregar proyectos con calidad. El reconocimiento del gremio y de la comunidad profesional llegó consecuencia natural como de muchos años de esfuerzo y dedicación, no como meta en sí misma.
De manera similar, su papel en el motociclismo no nació con la idea de ocupar cargos o representar a nadie. Lo que buscaba al subirse a la moto era un pasatiempo que desconectar la mente del despacho y de la obra. Sin embargo, esa intención modesta terminó convirtiéndose en un cambio profundo de vida. La moto lo llevó a un giro de ciento ochenta grados que impactó directamente en su relación con su esposa, en la forma de viajar y en la red de amistades que hoy considera una segunda familia.
Esa misma pasión, bien encauzada, ha hecho que otros lo vean como un líder natural. Su entusiasmo por rodar, su disciplina y su capacidad para organizar han sido factores que, casi sin proponérselo, lo colocaron al frente del BMW Motorrad Club León y de la Asociación Nacional de Motoclubes Oficiales, espacios desde los cuales hoy impulsa el motociclismo responsable que siempre predica.
Del viaje en pareja a la vida de club
Los primeros kilómetros los recorrieron él y su esposa Fernanda prácticamente solos. Eran años de aprendizaje, de descubrir carreteras y de entender el viaje en moto como un espacio de pareja. Poco después, llegó la invitación para integrarse a un primer motoclub: Iron Wings, un grupo de motociclistas con experiencia en viajes largos, expertos en recorrer la República. Con ellos aprendió a viajar en serio, a convivir con otras formas de rodar y a entender la importancia de la disciplina en grupo.
La historia dio un nuevo giro el 21 de septiembre de 2016, cuando fue invitado a formar parte del primer motoclub oficial de BMW en la región, fundado por Sergio Huerta Mendoza y Jorge Marroquín Bascós. A partir de ese momento, un grupo de amigos apasionados por el motociclismo se convirtió en lo que hoy es el BMW Motorrad Club León.
En ese entorno, Ernesto entendió que estar asociado a un club BMW implica algo más que compartir rutas. Significa formar parte de una comunidad que puede influir de manera positiva en la cultura del motociclismo responsable y seguro, y que tiene la fuerza para construir proyectos con impacto social. Esa convicción lo llevó, años después, a postular una planilla para encabezar el consejo directivo en 2022, con una propuesta clara: dar continuidad al club, fortalecer la permanencia de los socios y seguir construyendo una comunidad de amistad genuina alrededor de la pasión por rodar.
Rumbo definido para el BMW Motorrad Club León
La presidencia del BMW Motorrad Club León no se concibe en su caso como un cargo honorífico, sino como una responsabilidad concreta. Desde el inicio de su gestión, él y su consejo directivo se plantearon un objetivo central: compartir la afición por las motos, promover el motociclismo responsable y seguro, y fortalecer lazos de amistad y compañerismo entre personas que comparten la misma pasión.
Parten de una premisa sencilla, pero profunda: no todos son iguales ni piensan de la misma manera. La diversidad de carácter y de opinión es parte de la riqueza del grupo. Sin embargo, esa diversidad necesita apoyarse en bases claras de funcionamiento, enlace y congruencia que faciliten la convivencia sana. Para el club, esos cimientos son el respeto, la claridad de reglas y la disposición a construir en conjunto.
A partir de ahí, el plan de trabajo se traduce en acciones concretas: mantener una relación cercana con la marca BMW Motorrad, fortalecer los vínculos con otros motoclubes oficiales, participar en proyectos sociales, impulsar cursos de capacitación para mejorar la seguridad y las habilidades de manejo, cuidar la administración del club, celebrar asambleas ordenadas, planear rutas y viajes con anticipación, y, de manera natural, atraer nuevos socios que compartan la misma visión.
Más que una lista de pendientes, se trata de una hoja de ruta que busca garantizar que el BMW Motorrad Club León siga siendo un espacio en el que se pueda rodar, crecer y aportar algo positivo a la ciudad y al país.
La moto como escuela permanente
Si algo deja claro la historia del Arquitecto Ernesto Lozano Loza es que la moto no llegó a su vida solo como un escape. Se convirtió en una extensión de su formación y de su carácter. De niño aprendió a trabajar y a emprender al lado de su familia. Como arquitecto, hizo de la planeación y la responsabilidad una forma de entender el mundo. Como líder gremial y empresarial, comprendió el valor de la comunidad y del servicio.
Hoy, cada vez que se coloca el casco y arranca una BMW, la moto sigue enseñándole cosas. Le recuerda la importancia de la paciencia en las rutas largas, la necesidad de mantener la mente enfocada, la humildad ante la carretera y la gratitud por la gente con la que comparte cada kilómetro. Las mismas lecciones que lo guiaron en el palomar de su infancia, en las granjas avícolas, en el tatami y en la obra, se actualizan ahora en cada curva.
Tal vez por eso, al escucharlo hablar, queda claro que el motociclismo es para él mucho más que una afición. Es una escuela permanente en la que se afinan el carácter, la disciplina y la manera de estar en el mundo. Una escuela que, al final del día, confirma lo que su propia vida ha demostrado: que las rutas más valiosas son aquellas que dejan huella en uno mismo y en los demás.