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Capitán en un día: Una aventura a gran escala

Capitán en un día: Una aventura a gran escala

Imagina una pared rocosa que mida diez veces la estatua de la libertad, bueno, pues ese es el Capitán, un monolito de granito de mil metros de altura y que se encuentra en el parque nacional de Yosemite en California.

Sin duda alguna es el paraíso para escaladores de gran pared de todo el mundo.

En 1957 fue ascendida por primera vez por los escaladores americanos Harding (gran escalador y mejor bebedor de vino, más tarde murió de un mal hepático), Merry, Calderwood  y Whitmore tardándose 45 días a lo largo de 18 meses. Desde su primer ascenso se han abierto varias docenas de rutas, donde cada año van muchos escaladores de todo el mundo para intentar escalarlo.

La ruta más popular y que fue la primera vía, la llamaron “The Nose” (La Nariz), esta es una ruta al centro de la pared que recorre largos diedros, techos y diminutas fisuras, con grandes péndulos para pasar de una grieta a otra; para muchos esta aventura vertical parecería un acto circense a gran altura.

Actualmente, para escalarlo a la mayoría de los escaladores les puede tomar de unos tres a cuatro días. Pero también el reto de escalarlo en un solo día está siendo cada vez más frecuente, intentar escalarlo a velocidad implica un gran compromiso físico y mental.

En 1975 lo escalaron por primera vez en un día y en un asombroso tiempo de 19 horas, pero a lo largo de los años ha ido rompiendo el récord de velocidad a la nariz,  17 horas, 16,  15, 13  hasta la locura de menos de tres horas. Aun así, para la mayoría, el poder escalar el Capitán en el tiempo que sea, es ya un gran logro.

Desde hace tiempo había tenido ganas de escalar la Nariz en un día. El primer intento lo hice con Jorge Colin y Horacio en el año 2001, pero lo escalamos en casi dos días. Algunos años después, Jorge y Andrés Delgado lograron hacer el primer ascenso mexicano en un día.

En septiembre del 2013 le propuse a mi amigo Gerardo Hernández intentarlo. Y pues ahí vamos, boleto de avión en mano, equipo y demás triques. Llegamos a Yosemite estuvimos un par de días organizando el equipo y viendo las condiciones. Nuestra idea era practicar los cuatro primeros largos de cuerda (cada largo de cuerda mide entre 30 y 50 metros de longitud), después descansar un par de días y para arriba con todo.

Los cuatro primeros tramos son algo complicados y tardados de escalar, por esa razón quisimos practicarlos antes para aprendernos los movimientos claves. El plan era dormir en la base para empezar muy temprano con los primeros rayos de luz. Solo llevábamos tres litros de agua para cada uno, una chamarra y el equipo de escalada para ir lo más ligeros.

Llegó la hora, pusimos el cronómetro en marcha, eran exactamente las seis de la mañana cuando arrancamos. Nuestro ritmo de escalada era bueno, pues llegamos al Cap Tower a las 6 de la tarde casi 12 horas para la mitad de la pared, si seguíamos a ese ritmo estaríamos muy cercanos a las 24 horas teóricamente. Pero me di cuenta de que había cometido un error, debimos haber empezado mucho antes de los 6 AM para poder hacer el King Swing con luz (un péndulo bastante grande y famoso) porque el sol se ponía alrededor de las seis de la tarde y vimos que no lo íbamos a lograr hacer el péndulo con luz y decidimos dormir en el Cap Tower  que es el largo 14 y salir al día siguiente a la cumbre a como de lugar porque solo nos quedaban 4 litros de agua.

Obviamente, el reto de hacerlo en menos de 24 horas se había terminado, aun así decidimos continuar y ver en que tiempo lo escalaríamos, que sería un buen intento, de todos modos no había de otra más que salir por la cumbre o hacer chorro de rapeles que no era opción para nosotros. Gerardo empezó a escalar, él hizo el King Swing súper bien, y seguimos escalando con todo y bastante motivados.

Cuando estábamos por llegar al campo 4 que es cerca del largo de cuerda número 20, un helicóptero empezó a darnos vueltas, de pronto escuché  un grito en  español que nos pedía ayuda. Una cordada de tres españoles había tenido un accidente, uno de ellos voló debajo del gran techo, tenía una fractura en una pierna y tenía una hemorragia en un brazo, otro chico había sufrido una quemadura muy severa en una mano.

Esa tarde el viento estaba fuerte y el helicóptero no pudo hacer el rescate, por lo que bajaron a dos rescatistas desde la cumbre con dos cuerdas de 1000 metros. Gerardo y yo nos quedamos con ellos para auxiliarlos, por radio el “search and rescue” nos pidió que no nos fuéramos porque era posible que necesitaran de nuestra ayuda, la chica que coordinaba el rescate desde la base, nos preguntó si teníamos alguna bebida isotónica para dársela al herido por el tema de la hemorragia, tuvimos que darle una botella de gatorade al herido, por lo que nos quedaban solo dos litros de agua para Gerardo y para mí para el resto de la pared, lo cual nos preocupaba mucho.

Después de un rato salieron los rescatistas a un lado de gran techo, por fortuna nosotros nos encontrábamos en un lugar ideal para ayudar a los rescatistas, nuestra posición les veníamos como anillo al dedo, ya que por la verticalidad de la pared quedaban muy alejados de los españoles, nos aventaron una cuerda para ayudarles a pegarlos más a la pared y acercarlos a la repisa donde se encontraban y así empezaron con las maniobras del rescate para bajarlos, de verdad fue algo impresionante.

Mientras nosotros teníamos el tiempo encima y debíamos salir de ahí lo antes posible. Después de esta mala pata del accidente, apenas nos dio tiempo para llegar al vivac de campo 5 y pasar otra noche ahí, ya que el tema del accidente nos había quitado varias horas, para colmo nos había empezado a llover y de noche. La situación se había puesto algo tensa para nosotros también, porque no llevábamos equipó para cuidarnos de la lluvia, si la lluvia se hubiera puesto muy intensa el riesgo de una hipotermia era real.

Al día siguiente, sin agua y sin comida, salimos a la cumbre como a las cuatro de la tarde molidos, deshidratados pero muy contentos.  Una escalada pensada para un día había terminado en tres días con solo tres litros de agua y tres barritas de granola para cada uno. A pesar de no haber logrado nuestra meta, sin duda alguna fue una aventura con un gran amigo que tendré siempre guardada. Por supuesto, la intención de escalarlo en un día continúa.

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