KILLIAN MORENO

Hay viajes que no se miden en kilómetros, sino en silencios, decisiones y momentos que redefinen la manera de estar en el mundo.

“Entendí que lo que estaba buscando no era llegar rápido, sino sentir el camino”

En esta conversación, el camino se convierte en hilo conductor de una vida marcada por la exploración, la introspección y la búsqueda de lo esencial. Desde los primeros recorridos improvisados hasta travesías que cruzan países y culturas, esta historia revela cómo viajar en moto puede ser una forma profunda de habitar el presente y entenderse a uno mismo.

BM: ¿Recuerdas el momento en el que las motos dejaron de ser un medio de transporte y se convirtieron en una forma de vida para ti?

KM. Sí, fue un proceso más que un momento puntual. Al principio la  moto era simplemente una herramienta para moverme, pero hubo un viaje corto, sin demasiada planificación, en el que entendí que lo que estaba buscando no era llegar rápido, sino sentir el camino.

Ahí me di cuenta de que la moto me daba algo que no encontraba en ningún otro lugar.

BM: ¿Cuál fue tu primer recuerdo significativo en una moto?

KM: Recuerdo una salida muy sencilla, casi improvisada, sin cámara ni intención de documentar nada. Solo yo, la carretera y la sensación de libertad absoluta. Fue la primera vez que sentí que el tiempo se detenía cuando iba sobre dos ruedas.

BM: En tu trabajo se nota una narrativ a muy visual. ¿Qué nació primero en ti: el viajero, el fotógrafo o el motociclista?

KM: Definitivamente el motero. La fotografía y la narrativa llegaron después, casi como una necesidad de conservar lo que estaba viviendo. Primero sentí el viaje, luego quise entenderlo, y después compartirlo

BM: ¿Qué fue lo que te hizo elegir México como destino en este momento de tu vida?

KM: México siempre estuvo en mi lista. Es un país enorme, intenso, lleno de contrastes y con una cultura muy fuerte. Sentí que era el momento correcto, tanto personal como creativamente, para enfrentar un viaje que me sacara de mi zona de confort.

BM: ¿Hubo algún instante que te hizo pensar: “Por esto viajo. Esto es lo mío”?

KM: Sí, muchos. Pero recuerdo una carretera, casi vacía, con un atardecer brutal y sin señal de nada. Ahí entendí que no necesitaba más. Solo estar ahí, presente.

“Sentí que era el momento correcto, para enfrentar un viaje que me sacara de mi zona de confort”

BM: Ya en carretera, ¿hubo algo en México que te retó más de lo que esperabas?

KM: El clima y las distancias. México es inmenso y muy cambiante. Puedes pasar del calor extremo al frío de montaña en pocas horas. Eso te exige estar siempre atento y adaptarte rápido.

BM: México tiene una cultura motera muy fuerte. ¿Conectaste durante tu viaje?

KM: Muchísima conexión. La hospitalidad fue algo que me marcó. Gente que no te conoce, pero te abre su casa, te ofrece ayuda, una comida, una charla. Eso no se olvida.

BM: Desde tu mirada fotográfica ¿qué elementos hacen que una aventura en moto sea visualmente poderosa?

KM: La luz, el contexto y la honestidad. No se trata solo de paisajes espectaculares, sino de capturar el momento real, incluso cuando no es perfecto.

BM: Has trabajado con varias marcas tecnológicas y del mundo de la moto. ¿Qué criterios personales sigues a la hora de decidir con quién colaborar?

KM: Autenticidad. Solo trabajo con marcas que realmente uso y que encajan con mi forma de viajar. Si no lo viviría por mi cuenta, no lo muestro.

“Viajar te enseña que no controlas todo, y eso, lejos de ser negativo, es liberador”

BM: Has probado distintas motocicletas a lo largo de tus viajes. ¿Qué sensaciones te transmite una BMW, especialmente dentro del universo GS?

KM: Confianza. La GS es una moto que te invita a ir más lejos, a explorar sin preocuparte tanto por lo que viene después. Te permite concentrarte en el viaje, no en la máquina.

BM: Muchos viajeros describen que los viajes largos transforman mucho más de lo que imaginan. ¿En qué te han cambiado estas experiencias?

KM: Me han hecho más paciente, más consciente y más humilde. Viajar te enseña que no controlas todo, y eso, lejos de ser negativo, es liberador.

Viajar solo. El silencio y la soledad te obligan a escucharte. No hay distracciones

BM: ¿Cuál ha sido el momento más complicado en la carretera y cómo lo afrontaste?

KM: Algún problema mecánico en un lugar remoto, sin cobertura. En esos momentos toca respirar, pensar con calma y confiar en que siempre aparece una solución.

BM: Viajar solo y viajar acompañado generan experiencias distintas. ¿En cuál conectas más contigo mismo?

KM: Viajar solo. El silencio y la soledad te obligan a escucharte. No hay distracciones.

BM: ¿Cómo encuentras el equilibrio entre documentar para ti y para tu audiencia?

KM: Intento que lo primero sea vivir la experiencia. Si conecto yo con lo que estoy viviendo, la audiencia lo va a sentir después.

BM: ¿Has tenido algún momento en el que pensaste en parar? ¿Qué te hizo seguir?

KM: Sí, claro. El cansancio físico y mental pesa. Pero siempre recuerdo por qué empecé. Eso me devuelve el rumbo.

BM: Aparte de México, ¿qué destino te ha cambiado más como persona y por qué?

KM: Probablemente algún país de Sudamérica. Ahí entendí que se puede vivir con muy poco y aun así ser feliz.

BM: ¿Cuál ha sido el encuentro más significativo con un desconocido durante tus viajes?

KM: Un hombre mayor que me ofreció techo sin pedir nada a cambio. Solo conversación. Eso resume el espíritu del viaje.

BM: Si pudieras ponerle un título al capítulo de vida que estás viviendo ahora, ¿cómo se llamaría? ¿Y el siguiente?

KM: El actual se llamaría “En movimiento”. El siguiente, “Más profundo”.

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